soñar despierto

. . . . . . . “Everytime I see you oh I try to hide away
. . . . . . . but when we meet it seems I can´t let go”

. . . . . . . . . (“Fading Like a Flower” - Roxette)



. Cómo le costaba levantarse!
. Abandonar el cálido, confortable mundo de los sueños para afrontar un nuevo día en el colegio. Aunque al menos, durante aquél cuarto año, ya no se le hacía una tortura como en los anteriores. Su estatura finalmente había pegado un asombroso estirón el último verano, de modo que los compañeros que antes lo miraban desde arriba ahora lo veían a la par, asombrados. Hasta aquella “voz de pito” que tanto había irritado siempre a algunos, adquiría por fin unos profundos matices masculinos. Y ahora hasta tenía amigos! Pero lo mejor, lo mejor era ella.
. Era tan linda! La contemplaba con disimulo, soñando en silencio. Sus rubios cabellos, su carita angelical. Pero además su forma de ser, era realmente una buena chica. Y no lo trataba mal: Él, de ser el petisito nerd pálido -bueno, en realidad el término no se usaba todavía mucho en aquél entonces, pero qué mejor manera de definir a ese chico extraño que pasaba días encerrado con “la computadora”?- que apenas hablaba, era ahora uno de los cinco amistosos muchachos que acomodaban las mesas y banquitos de su grupo al otro lado del de ellas.
. No sabía si había alguna manera en que algún día pudiese alcanzar el corazón de ella. Le gustaba, y mucho. Tímido como el que más, apenas se animaba a intercambiar algunas palabras de tanto en tanto.

. Eso cambió el día que fueron de excursión. En la hermosa ciudad lacustre, los catamaranes acostumbran pasear a los turistas por el gran lago y algunos de sus más bellos rincones y ensenadas, cascadas y bosques como aquél de los arrayanes. Pero los jóvenes de los colegios tienen la fortuna de poder ser llevados sin tener que abonar las cuantiosas sumas que los turistas.
. Así, el curso entero pudo disfrutar aquella jornada. No había que intentar prestar atención a cada alargadísimo minuto de la hora de matemáticas, ni devanarse los sesos tratando de lograr entender para dónde era que rebotaba un cuerpo x en la de física... En cambio, armaron la vianda para disfrutar de algo que a él le gustaba tanto como los mundos que se abrían infinitos en el viejo monitor monocromático: Un día al aire libre!
. Y encima, junto a sus amigos... y cerca de ella!

. Era uno de esos días límpidos en que resulta tan fácil confundir a Ciudaventura con una suerte de afortunado paraíso, allá en un rincón de la Patagonia Media. No obstante no era precisamente verano, el otoño avanzaba y siempre hace aún un poco más de frío sobre la superficie del lago.
. Los chicos se agolparon en el muelle y subieron en hilera al gran catamarán. Eran un grupo tranquilo, quizás porque eran pocos y en general se llevaban bastante bien, el mayor acto de rebeldía había sido algún tragicómico intento frustrado de hacerse la rata. O la ansiedad por ligar alguna hora “libre” y que los profes les dejaran jugar a las cartas para divertirse un rato.
. Al cabo de un rato se habían amontonado en grupos, un par de ellos de a seis, con sendas partidas de truco tomando color rápidamente. En realidad lo de los muchachos era de un heroísmo estoico: Casi siempre esos inocentes timidones eran leídos a la perfección por las instintivas chicas, que los apaleaban divertidas.
. El catamarán se alejaba con un ligero vaivén, y aquí, desde el lago, resultaba imposible no admirar la hermosa estampa de la pequeña ciudad que se alzaba en las últimas estribaciones de las montañas. Claro que las zonas más altas y menos favorecidas de la ciudad no quedaban tan a la vista: Allí cualquier idea de “paraíso” se esfumaba de toque.
. Él había guardado el infaltable walkman, con el invaluable cassette repleto de hits de aquella banda sueca que rompía todas las taquillas de 1991. Ahora no podía creer su suerte, le habían tocado el “ancho” y el siete de espadas. Justo venía acercándose ella, intercambiando bromas inocentes con sus amigas, y él no pudo creer lo que pasó luego. Ella se acercó y entre algún gesto y susurro trató de revelarle las cartas de su contrincante: Justo arrancaba el “pica-pica”. Pero a pesar de asombrarse por el generoso gesto de ella para consigo, el torpe muchacho logró reaccionar a tiempo y se volvió. “Eso no”, alcanzó a decirle a ella, sorprendida. Las novelas de nobles espadachines y fantásticas aventuras venían haciendo mella en su cabeza desde hacía un par de años. Acaso se creía adentro de una?
. Más tarde, después de descender en la isla y visitar el hermoso bosque de árboles pardirrojizos, compartiendo mates y galletas, el curso entero y el profesor Alejandro, designado para acompañarlos, volvieron a abordar.
. A pesar de la época, había poco viento y el oleaje era relativamente apacible, así que mientras el catamarán ponía rumbo de regreso a Ciudaventura, varios de los chicos prefirieron acercarse a las barandas y disfrutar de la travesía. El muchacho avanzó con pasos lentos, pero decididos. Es que aquella imaginación febril que le permitía soñar despierto durante horas, en lugar de hacer la tarea, cuando pasaba las tardes en su casa, ya le había hecho plantearse decenas de posibles cosas que decirle a ella. Pero nunca estaba seguro y siempre le parecía que ella lo reprobaría, o no lo entendería. Claro que igual se repetía a sí mismo distintas imágenes y escenarios, imaginando hasta los diálogos y las respuesta de ella, sus expresiones, sus tonos de voz, todo... Pues en algunos casos, las cosas salían bien. En realidad, no tenía mucho sentido fantasear con los casos en que salían mal, así que una vez más él había imaginado la sonrisa de ella, la textura de su mano...
. Suspiró aterrorizado, sacudiendo ligeramente la cabeza para deshacerse de las ideas de fracaso...

. Y el alarido lo sacó de su limbo, y los paralizó a todos.
– Sirvina se cayó al agua! --aulló aterrorizada otra de las chicas. Dos más pasaron raudas a su lado, corrían adentro en busca del profesor.
. El chapotazo, que aún no había concluido, estaba justo ahí, delante suyo...
. No supo cómo trepó por el borde, ya no tenía la campera y estaba cayendo en el aire, zambulléndose de cabeza en las aguas heladas. El frío lo atenazó al instante, pero estaba acostumbrado a nadar en ese lago. Braceando con el brazo izquierdo, con la diestra se sacó rápidamente los zapatos que parecían plomos en sus pies, y nadó derecho al lugar donde ella había caído. Luego de una última bocanada se hundió decidido. La encontró no muy profundo, quizás estaba teniendo un calambre, y el peso de la campera sumergida no la ayudaba. La rodeó de las axilas y pataleó con todas sus fuerzas hacia arriba.
. Emergieron impetuosamente, alzándose ávidos de aire por encima de las olas. Ella tosía pero logró dar un par de bocanadas. El catamarán ya había aminorado y viraba en torno a ellos, unos marineros experimentados salían a cubiertas con varios salvavidas...

. – Se puede saber en qué mundo está ahora? --preguntó lentamente el profesor Alejandro, que no paraba de asombrarse de la capacidad de este alumno, que ha menudo no necesitaba ni el dichoso walkman ni un libro para que lo encontrase así, mirando perdidamente al cielo más allá de la ventana.


. * * *


. No fueron pocos los días y semanas que siguió jugando con la idea, aunque ya hacía mas de un mes de la excursión, y no había hecho falta rescatarla de nada. Al menos, ya alcanzaba a hablar con ella un poco más, y lo más increíble es que ella parecía interesada en lo que él dijera.
. Una de esas tardes, tirado en la cama sin hacer nada más que dar vuelta cada tanto el mismo cassette que ya empezaba a verse gastado, su hermana apareció en su habitación.
– Te vinieron a buscar unos amigos. --soltó de la nada. Claro, ella era popular, y resultaba natural que la buscasen, o que se fuera a la casa de alguien. A él no lo habían ido a buscar nunca... todavía.
. Asombrado, fue a la puerta para encontrarse con el rostro sonriente de uno de sus compañeros, Erwin, que lucía no obstante nervioso.
– Boludo atá a los perros que me quieren comer... mamá! --dijo éste.
. Desde la calle, al otro lado de la tranquera, sonaron dos bocinazos. Marito se asomó por la ventana de la renoleta y exclamó:
– Che, vamos que quedamos para cenar en lo de Sirvina con las chicas: los padres le dejaron la casa por el finde; venís?


. Esa noche sabría lo que era bailar lento sobre la arena, en la playa de Bahía Serena bajo las estrellas, con el equipo de música reproduciendo -pero esta vez en la radio-, el mismo tema con el que fantaseaba... Y besar por vez primera, los dulces labios de ella.


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Comentarios

  1. Que hermosa historia!
    Me encantó como la contaste

    Saludos

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  2. ey si te gustó me alegro muuucho!!! gracias ^^

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  3. Mat!!! soy Shar (como te habràs dado cuenta) Vi tu libro en una librerìa de còrdoba y me querìa morir!!. Estoy de nuevo en viaje... ahora en Neuquen y pronto en Ciudaventura. Quiero verte. sharku2001@gmail.com o shar ku en FB. abrazooo!!!

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  4. qué gusto leerte maese... tocad un don diló!
    nos veremos pronto entonces,
    hoy y mañana estoy de despedida de mi dama; pero dps a vuestro servicio. ^^ toy laburando nel mismo viejo testaurant nel corazón d Ciudaventura..

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