Hermanados por la Aventura

Una situación imprevista

No hacía mucho que estaba en esa ciudad, mi vida nómade me llevaba de ese modo, a la deriva por un mundo siempre cambiante: Y así es como me gustaba.
. Aquella noche, cansada tras recolectar unos cuantos ingredientes en los alrededores, me dirigí a la taberna en busca de algo relajante, como un abundante trago de cerveza fresca, o algún incauto al cual embaucar... O tal vez ambas cosas!
. Me causó cierta simpatía un enano que andaba por ahí, tan rústicos ellos, al que parecía faltarle dinero para saldar el monto de su bebida. Nunca viene mal tenerlos por amigos, me dije, así que me acerqué y le di tres monedas de oro a quien lo estaba increpando, no sé si el posadero mismo o un empleado. Poco importaba.
. Tampoco presté mucha atención al enano, y regresé a mi mesa, donde la pinta recién servida me esperaba. Noté que había un elfo bastante pasado de copas cerca de la barra. Sonreí apenas, si las posibilidades me favorecían, podía demostrarle a esos bastardos que no eran tan superiores como solían creer...
. Pero terminando mi pinta la situación cambió -como pasa a menudo con las situaciones, tan efímeras que nunca entiendo porqué los necios se aferran a ellas- cuando un sujeto entró a avisar que atacaban la ciudad.
. El enano salió detrás de él y dejó su bebida llena sobre la mesa. No podía permitir eso, así que con una mano en el pomo de mi espada, tomé la bebida y salí de la taberna.
. Troté tras el enano pero no muy rápido, prefería que él fuera delante a unos metros. Nunca se sabe. En un momento en que nos detuvimos le convidé bebida. Se la bebió toda de un sorbo!
. No pareció escucharme mientras le increpaba, y él siguió corriendo rumbo a las puertas de la ciudad.
. En esos momentos, todavía no tenía la menor idea de a dónde me podría conducir esta nueva aventura. Y así era exactamente como me gustaba.

Compañeros en las sombras

. Encuentro un momento de tanquilidad, ahora que podemos descansar y no hay enemigos cerca. Aprovecho para actualizar este cuaderno que se comienza a convertr asì, sin haberlo buscado, en un inusitdo diario.
. Retomaré los acontecimientos donde los habíamos dejado: Corría o mejor dicho trotaba yo prudentemente, unos metros por detrás del enano, hacia las puertas de la ciudad, Midelheim creo, o algo así. Entonces algo ocurrió. MUCHO ocurrió: El aire mismo se abrió en una gran raja luminiscente, y nos engulló. Caímos. Caímos.
. Rodé por un suelo áspero, de roca. Estábamos en un largo pasillo, el enano yacía en el suelo a unos metros. Luego de verificar que yo me encontraba entera, y no había perdido nada, fui a verlo. Me agaché a su lado con intención de constatar su estado. Entonces un grito áspero me detuvo.
. A unos metros venía un enano de actitud amenazante, blandiendo una red y un mayal más que respetable, y luciendo una armadura negra con inscripciones rúnicas y detalles y bordes dorados. Para colmo venía acompañado por otro enano armado. Mi experiencia me ha enseñado que la mejor manera de enfrentar un enano es ¡correr! y eso fue lo que hice.
. Me preocupaba un poco dejar a mi reciente "amigo" caído, pero el propio pellejo estaba en juego. A ver si me alcanzan tus cortas y toscas patas, me dije. Instantes después algo me enredó las piernas, y caí de plano.

. Cuando desperté, estaba atada de pies y manos, y el enano de la armadura negra me cargaba en su hombro, con la ligereza de un saco de paja. Aunque intentè disimularlo, parece que notó que yo ya no roncaba -bien, debo reconocerlo, aunque soy una doncella frágil, a veces ronco. De manera harto sonora-, asì que me dejó caer al piso y me increpó a ponerme en pie. No podía hacer otra cosa que obedecer. Me ordenó que caminara, y entonces mi reciente compañero de bebida le comentó que le había invitado una cerveza, con lo cual me consideraba prácticamente su "amigo". En ese momento me devolvieron la mochila y mi vara. Luego de dialogar brevemente caí en cuenta que el enano de la armadura negra, que llevaba un buen puñado de llave tenìa mi libro, así que le pedí me lo devolviera. Cuando mencioné mis monedas nadie sabía nada.
. Avanzamos por el corredor, se tataba aparentemente del carcelero y oto guardia. Me informaron que estábamos en Karak Izor (o algo así). Me detuve en seco, pasmado: Habíamos "viajado" un territorio que usualmente lleva varios meses recorrer, en tan sólo un momento! Una magia poderosa había obrado en ello, sin duda.
. Luego de avanzar un rato -mientas yo pensaba en volver a la superficie y alejarme de allí- encontramos una celda que quedaba por debajo del reino de los enanos. Allí encontramos a dos hombres prisioneros. Uno de ellos había venido por un asunto de "negocios", como parte de cierta "expediciòn". Me di cuenta que el sujeto era alguna clase de estudioso, lo cual es extremadamente raro de encontrar en el mundo. A menos que una sea, como yo, otra estudiosa, si bien de otro tipo de "conocimientos".
. El otro hombre nos contó que apenas días atrás estaba tambíén en el Imperio. La distancia a través de la cual había sido "transportado" de alguna manera implicaba magia. Mucha, poderosa y no demasiado conocida.
. Se habían despertado atados, así que algunas manos tenían que haber tomado parte en todo el asunto.

. En esos momentos, mientras yo analizaba seriamente la posibilidad de abandonar a esos sujetos y regresar a mi alegre y feliz vida errante; sucedió. Una figura etérea y difusa, fluorescente, se manifestó en el extremo del pasillo. Se trataba del fantasma de algún enano, que pedía ayuda -cosa que solamente el otro hombre que venía del Imperio pudo escuchar- señaló hacia el fondo de esa interminable caverna.
. Desapareció cuando el hombre quiso agarrarle. Pude encontrar algo de ectoplasma que recolecté minuciosamente. Entretanto, el grupo había decidido seguir la dirección indicada. Yo no entendía muy bien cómo es que habían introducido dos prisioneros en los dominios del singular carcelero y los demás enanos. Estaba claro que alguna voluntad estaba obrando en las profundidades que escapaban a sus dominios.
. Descendimos lentamente hasta que el hombre que venía del Imperio piso algo que crujió ostentosamente. Se trataba del cráneo de un enano. Descubrimos así y cada vez más a medida que continuábamos, numerosos cadáveres que resultaron ser los mineros que, según nos contó el carcelero, hacía apenas unos días habían desaparecido. Lo extraño del caso era que quedaban de ellos sólo huesos, como si mucho tiempo hubiese pasado.
. Más adelante escuchamos un grito, y llegamos a distinguir una sombra inmensa y una silueta desválida que caía al piso. Decidí probar a esa entidad disparándole un dardo mágico, pero no salió bien. La gran sombra se retiró entonces, con gran estrépito de huesos. Pudimos notar así que tenía algún tipo de sustancia física. Observamos también un rastro de huesos aplastados.
. Nos acercamos y vimos que se trataba ahora de un cadáver humano. Había otros, mezclados con los de enanos. Entonces el explorador los reconoció como compañeros de su expedición.
. Al mismo tiempo cayeron sobre nosotros cinco orcos, desde unos huecos en las paredes superiores.

. Me llaman ahora, nuesta aventura continúa; si regreso con vida de la próxima batalla os relataré cómo dimos cuenta de ellos y sobre la feroz batalla que tuvo lugar después, en la cual creí que varios de nosotros perderíamos la vida. Y de cómo conocí a Nargond, Jotunn el Torturador, Daemor, Ulfric y Pepo Tibiacorta.



Una pizca de una historia

. Saludos, posibles lectores de estas extrañas líneas mías, quién sabe quiénes o cuántos, dónde y cuándo...

. Aprovecho una nueva pausa en nuestras andanzas para narrarlos al menos brevemente la aventura que me unió a mis actuales compañeros.
. Como os había contado, al retirarse aquella terrible sombra, luego de succionar delante nuestro a un hombre -que quedó sólo huesos, igual que los otros enanos mineros y los miembros de la expedición a la que había pertenecido Ulfric-; cinco trasgos cayeron sobre nosotros. La batalla fue cruenta, por mi parte apenas logré destellar un dardo mágico sobre uno de ellos; mientras el Carcelero -que luego aprenderíamos era nada menos que Yotunn el Torturador- atrapó a uno con su red, inmovilizándono. Esto le permitió enfrentarse a otro de ellos. El otro hombre que habíamos encontrado en la celda junto a Ulfric (quien luego se definiría como un "arqueólogo"), cuyo nombre era Daemor, hizo pedazos a un trasgo. El enano que había conocido en Midelheim, llamado Nargond, destrozó a uno o dos. No sé si ayudé al acercarme, ya bastante encabronada, a uno de ellos y encenderle el abominable rostro en llamas. En cualquier caso, poco después ya no quedaba uno.
. Ni siquiera el de la red, me hubiera gustado dejarlo con vida para averiguar unas cuantas cosas, pero Yotunn no me escuchó y, enfurecido, lo masacró sin piedad. Al parecer tenía un odio visceral por esta nefasta raza.

. Creo que olvidé mencionar el momento en que divisamos la sombra, en el oscuro corredor, cuando Yotunn, su compañero Pepo Tibiacorta y Ulfric quedaron paralizados de terror. En aquél momento fatídico, aunque Daemor avanzó imperturbable hacia ella, y yo le seguí algo más cautelosa, fue Yotunn quien nos devolvió el ánimo, con voz poderosa.
. Algo similar volvería a ocurrir después, en la siniestra sala donde tuvo lugar el combate que unió nuestros caminos.
. Más no puedo seguir escribiendo ahora, mis compañeros me llaman, debemos continuar.

. Esperando que podamos salir de todo esto sanos y salvos, todos nosotros,
y si no es así que el recuerdo de nuestro valor no se pierda en la nada, y anime acaso los fogones donde los ancianos cuentan sus historias,
Laria Vir Harrowan.-



Frente al Mal

. Una pausa ahora, un momento de breve descanso para dejar la espada en el suelo, aunque a mano; para repasar mis hechizos y, porqué no, terminar de contar al menos cómo concluyó nuestra aventura en las profundidades de Karak Izor...

. Olvidé antes mencionar que el explorador, o según sus propias palabras "arqueólogo" -qué diantres se supone que es eso?
- Ulfric, resultó herido en la batalla. Afortunadamente pudo continuar con nosotros. También que cuando revisamos al último hombre al cual la Sombra le había succionado la vida, las carnes, acaso el alma, todo, resultó ser un bretón de alguna familia noble. Ulfric guardó los papeles y el pendiente que estilan usar en aquél país para probar la nobleza. Quedó en ese momento claro una vez más que Ulfric y yo éramos los únicos eruditos del grupo.

. Pero volvamos ahora a nuestro avance por la caverna, delante fueron los más fuertes, Nargond, Daemor, Yotunn, y Ulfric mismo con una lámpara de aceite. Poco antes había yo encendido un pequeño fuego en la palma de mi mano, y el arqueólogo me recordó los peligros de andar mostrando tales habilidades por el mundo. No necesitaba yo que me recordasen las cacerías de brujas de los necios y los ignorantes, dirigidas a veces incluso desde las sombras por perversos y envidiosos. Por algo mi cabello lucía negro cuando en realidad, desde las raíces y desde que naciera, me crecía violeta.
. Pepo venía el último -ni siquiera yo quería quedar en esa posición, ya que no contaba con armadura como los demás, ni tampoco con un cuerpo capaz de soportarla-, y declaró tener miedo. Esto me asombró: Era la primera vez que veía aun enano declarar tal cosa.
. Llegamos luego de un trecho, siempre bajando, al borde de un acantilado cuyo fondo los avezados enanos, que ven bastante bien en la oscuridad, no lograban divisar. Seguimos bajando, con paso temeroso algunos, y firme los más bravos (entre los cuales, ejem, una frágil joven como yo no puede contarse).
. Momentos antes, cuando la breve lucha con los trasgos, ya en las últimas, había intentado enterrarle mi estoque al trasgo que, aunque ya agonizante, ponía en peligro a nuestro explorador. Quiero decir, arqueólogo. Pero ni siquiera había logrado asestarle, si bien, a pesar de ser yo una estudiosa de las artes ocultas, de pequeña tampoco me manejo mal con la espada o con el arco y flecha. En ese momento quizás algo de coraje se había apoderado de mi corazón, en un momento de gran peligro... Pero eso no había sido verdaderamente un momento así, pronto lo podríamos comprobar. De cualquier modo, no había medido las consecuencias de un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, ya que cualquier arma que me golpee podría matarme fácilmente.
. Recuperada ahora mi usual, err, cautela -junto con el temor-, marchaba junto a los enanos y ese par de individuos. Algo en el momento en que Yotunn nos había librado del miedo con esa voz de mando, me había hecho olvidar del todo mi idea de abandonarlos y volver a la feliz superficie.

. En un momento dado descubrimos una bifurcación, un túnel, un orificio profundo a un costado de la bajada, flanqueada todavía por el abismo. Luego de unas enroscadas deliberaciones, uno de nosotros percibió de alguna manera que el Mal estaba en el fondo de dicho túnel. Eso bastó para decidirnos: Avanzamos por ahí.
. No pasó mucho tiempo hasta que encontramos una puerta siniestra.
. Naturalmente, fue Ulfric el encargado de, luego de que los enanos la abrieran, explorar sigilosamente la oscurísima estancia.

. Regresó, siempre en silencio, con un relato que comenzó a erizarnos el vello del cuero cabelludo.
. Un gigante de tres brazos parecía encadenado en medio de la sala, sostenida también por columnas. Podía tratarse de un troll, aunque él no había sabido jamás nada sobre trolls con TRES brazos. Argüí que había oído historias de trolls con dos cabezas. Discutíamos en voz baja qué hacer, pues nuestro enemigo claramente en esas profundidades era aquella Sombra implacable que había eliminado tan fácilmente a los enanos mineros y a los miembros de la expedición. El espectro del Enano muerto que pedía ayuda nos había indicado que bajáramos... El gigante, o troll o lo que fuera, no parecía ser la Sombra. Se me ocurrió incluso que podía no ser un ser maligno, y que si estaba encadenado, quizás era un enemigo de la sombra. Curiosos -y errados- razonamientos los míos. En todo caso, la gran sala no era una construcción de los enanos, hacía rato que habíamos dejado atrás sus dominios.
. Pero la discusión continuaba y por algún motivo perdí la calme y me mandé para adentro. Automáticamente todos hicieron lo mismo. Yo busqué parapeto detrás de una de las columnas. Allá estaba la gran forma del grotesco ser.
. Mi sentido mágico me hizo olvidar mis tontas ideas, allí estaba algo que era el Mal mismo!!
. No alcancé a ver que Yotunn me gesticulaba desde cierta distancia, ya Daemor había avanzado directamente hacia el enorme oponente... Ulfric se había alejado por la pared opuesta, ya no podía verlo. Me había envuelto yo en mi Capaverde, tratando así de mantenerme oculta de ese temible ser.
. Antes que pudiésemos pensar claramente, la batalla comenzó.


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Comentarios

  1. El Rostro de la Muerte


    . Un momento ahora, en las horas en que me toca la guardia. Todos se han dormido, creo y ESPERO podamos pasar esta noche en paz.
    . Intentaré concluír brevemente de relataros cómo comenzó todo esto. Quién sabe ahora, a dónde iremos a parar.

    . Olvidé contaros que, antes de encontrar el túnel, descendiendo por el pasadizo, encontramos un cadáver que no era como los otros; el cual había muerto abrazado a una espada. Al contrario que los anteriores, tenía todavía algo de carne, putrefacta, en sus huesos. Su muerte no parecía haber sido tan antinatural, incluso descubrimos huellas de garras y colmillos terribles en lo que quedaba de sus piernas. Mis pobres dotes mágicas permitieron sentir un poder oculto en el arma, que dejamos en manos de Daemor.
    . Tampoco os comenté de una pequeña y extraña caja que encontró Yotunn el Torturador, un artefacto curioso que sin duda servía para guardar alguna pieza especial en su interior.
    . Por mi parte, si bien no recuperaba mis dichosas 27 monedas, al menos las pocas monedas que fuimos encontrando en nuestras pesquisas de los muertos, las repartimos. Ah, y encontré también un pequeño librillo...

    . De cualquier manera, continúo ahora mi relato:
    . Me parece que fue Daemor, o tal vez Nargond; perdonad en todo caso, realmente estaba aterrada y mi parte en la feroz batalla que siguió fue pobre...
    . De cualquier modo, el monstruo se giró hacia nosotros. Yo misma, harta de la tensión, y fastidiada por la prolongada deliberación trunca que habíamos mantenido antes de entrar finalmente en la sala, disparé un dardo mágico sobre la bestia.
    . En ese momento se volvió hacia mí. Su mirada me paralizó de terror. No podía moverme.
    . Supimos que al menos Pepo, y creo que también el valiente Daemor o alguno de los otros, se habían paralizado también.
    . Fue entonces cuando Yotunn, el carcelero, una vez más, cobró carisma de líder.
    -- No pierdan la cabeza!! --aulló ferozmente, sin temor alguno ante la sombra. O tal vez lo tenía, pero sabiamente no lo demostraba.
    . Algo en su grito nos devolvió el control de nuestros cuerpo. Atiné finalmente a encender la antorcha más cercana. Las sombras se alargaron en la sala, al mismo tiempo que los demás atacaban.
    . Detrás del monstruo había un enigmático altar, claramente maligno.
    . Pepo seguía sin reaccionar.
    . La bestia azotó el aire con sus inmensas cadenas... directamente hacia mí!
    . Aterrorizada, no podía moverme apenas guarecerme contra el piso mismo. No podía dejar de pensar otra cosa que varios de nosotros moriríamos irremediablemente en ese atroz enfrentamiento.
    . La cadena se enroscó en la columna justo por encima de mi cabeza. De un tirón, la bestia la arrancó. Dando golpes y cadenazos, con tres brazos, atacó a los más bravos, Daemor de pie frente a ella, Nargond, Yotunn.
    . Temblando de rabia y terror, recordé un hechizo que nos podía servir, me maldije a mí misma: CÓMO NO LO HABÍA PREPARADO ANTES?!?!! Mascullando de rabia, con movimientos de una torpeza terrible, comencé a armar una tosca figura de la bestia entre mis manos. No necesitaba que se pareciera demasiado, si lograba pegarle tres brazos tenía que alcanzar.
    . No pude ver bien la batalla, sé que la pasaron mal mis nuevos amigos -en tales se convertirían después de este increíble incidente-. Las armaduras de mis amigos debieron contar de algo. En particular la de Yotunn, olvidé mencionar que se encendía de rojo cuando combatimos con los trasgos, y también ahora. Un poder oculto ésta encerraba. Cuando Pepo finalmente reaccionó, el monstruo lo agarró con su tercer brazo. Temimos lo peor.
    . Corriendo desde la pared del costado vino Ulfric, y de un salto estrelló su lámpara sobre el hombro de la bestia, derramándole encima el aceite.
    -- Hay que prenderle fuego!! --aulló el arqueólogo.
    . El combate proseguía, cada instante podía ser final para mis compañeros, mi cuerpo no dejaba de temblar. Finalmente deposité en el suelo frente a mí una tosca figurilla... Y solté mi hechizo.
    . Pero salió mal, fracasó completamente, mi concentración era patética. Maldije mi suerte, más valía morir que ser tan inútil para el grupo. Todos estaban arriesgando sus vidas sin dudarlo, y yo ahí echando palabras inútiles al aire mientras el gigantesco troll de tres brazos estrujaba a Pepo Tibiacorta y lo arrojaba lejos.
    . Entonces ya había podido percibir yo el amuleto en su cuello, y había alcanzado a gritarles a los demás que no lo tocaran. Era un amuleto del Caos sin duda, y del Mal, y era el causante de la deformidad del troll. Quien lo tocara estaba expuesto a cosas similares... O peores, en caso de un usuario de las artes ocultas como yo!
    . No sé si me habían entendido. No podía pensar, ni tampoco actuar, con claridad.
    . Yotunn encendió rápidamente un fuego y con un gran salto logró pegarlo al aceite. La criatura siguió arrojando cadenazos, que Nargond esquivaba de una manera increíble, jamás supe que un enano armado y bien pertrechado pudiera moverse de esa manera.
    . Fue entonces cuando la bravura de Daemor nos salvó a todos. Dio un golpe magistral, los demás ya habían asestado varios, heridas terribles, pero sabíamos que el troll se regeneraría. Justo en la cabeza del monstruo.
    . De pronto pareció atontado (más de lo usual para un troll), sus movimientos eran más lentos, erráticos incluso.
    . Daemor había logrado dejarlo aturdido, convirtiéndolo así en un enemigo más fácil.
    . Pronto los guerreros habían logrado derribarlo, fue Nargond quien le asestó el golpe definitivo.
    . Todos vitorearon enardecidos. Pero ya Ulfric me llamaba hacia detrás del altar, y yo, dejando de temblar aunque con lágrimas en los ojos por no haber podido ayudar, iba hacia allá.
    . Pero éramos tontos de creer que la batalla había terminado.


    . Con la esperanza de que podamos salir sanos y salvos de todo esto,
    los saluda,
    Laria Vir Harrowan.-

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  2. Bebesombras

    . Amigos, o desconocidos, que leáis estas líneas ahora, escribo apurada en medio de una breve pausa en nuestras andanzas. Necesito terminar de contaros cómo terminó la aventura que nos unió a Nargond, Yotunn el Torturador, Daemor, Ulfric y Pepo Tibiacorta.
    . El gigantesco troll de tres brazos había caído, sí; pero entonces, mientras revisaba los objetos que el arqueólogo me había pedido; apareció de nuevo la Sombra, la terrible Sombra que habíamos visto en el pasadizo, y que había absorvido las vidas y carnes de tantos hombres y enanos.
    . Yotunn había colocado la gema del amuleto maldito en su pequeña caja mágica, la cual se cerró de inmediato. Estaba claro que había sido hecha para contener algo así, quizás ese mismo amuleto del Caos.
    . Pero entonces la Sombra emergió, y su hundió en el cuerpo del troll caído, que comenzó a levantarse de inmediato. Un poder terrible obraba ahora frente a nosotros, podíamos sentirlo, si el troll antes había sido difícil, casi imposible de vencer, esta vez sería mucho peor.
    . Ay, no tengo tiempo ahora y me reclaman, pero debo concluír. Baste mencionar que la cosa se levantó; y los guerreros comenzaron a atacarle; esta vez logré soltar mi hechizo de infortunio sobre ella. Fue esta vez Yotunn quien le dió el golpe mortal; si bien los otros hicieron lo suyo. Pero ahora fue la espada de Daemor la que absorbió parte de la Sombra, o parte de la misma. Comprendimos al fin el enigma al que nos habíamos enfrentado: La Sombra era el alma del troll, que vagaba separada de su cuerpo por obra de la magia maligna que palpitaba en el amuleto. La Sombra había vagado por estos olvidados corredores inferiores, absorbiendo las vidas que alimentaban así a su cuerpo, el troll, encadenado en la mazmorra.
    . "Bebesombras", bautizó Daemor a su recientemente hallada espada. Se había convertido en todo un héroe al aturdir al gigante.
    . Olvido cosas de seguro, pero escapamos de allí entre temblores y el derrumbe de algunas rocas; y el funesto sonido de unos tambores desde las profundidades. Los trasgos venían.
    . Llegamos al borde del precipicio, pero vimos que llovían prácticamente trasgos desde todas partes, a sólo metros por encima de nuestras cabezas, salían de los huecos en la roca. Adelante, en la pendiente, había al menos medio centenar de ellos.
    . Pero entonces aparecieron las luces, pequeñas luces fulgurantes, como la del enano fantasma, titilaron en el abismo y subieron flotando, volaron atravesando un trasgo cada una; eran los espíritus de los enanos muertos; nos abrieron así increíblemente el camino para poder escapar.
    . Subiendo por el pasadizo nos encontramos poco después con la tropa de refuerzos enaniles que había solicitado Pepo según creo; al mando de los cuales venía Minty.
    . Así fue que logramos salvar milagrosamente el pellejo; y se forjó nuestro pequeño grupo de aventureros. Ya ni se me ocurría abandonarles. Por el contrario, ansiaba desesperadamente entrar en algún gremio para adquirir mayores conocimientos. Mi magia era muy pobre, como había constatado en el enfrentamiento, si bien de mis errores espero haber aprendido. Necesitaba, y necesito, aprender mucho más.
    . Os dejo ahora, es tiempo de continuar.

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  3. Sir Ulfric Cazavampiros!


    . Saludos, posibles lectores de estos escritos míos, impreciso testimonio de las andanzas en las que me he visto envuelta desde que una raja en el aire mismo de Midenheim nos trasladó a Nargond, el enano, y a mí a Karakis Orr, el reino donde Yotunn el Torturador se desempeñaba como carcelero; y en cuyas mazmorras más profundas e insospechadas encontramos a Daemor y Ulfric, el arqueólogo...

    . Ante todo perdiré perdón pues, en mi anterior relato, cometí varios errores, según señalaron amablemente varios de mis compañeros, luego de que tuvieran una oportunidad de echarles un vistazo.
    . Sin embargo, aunque aquellos sucesos del terrible troll y de cómo terminamos siendo portadores de la nefasta Piedra del Caos; fueron hace unas semanas, no obstante parece que hubiera sido casi un año atrás; tantas son las cosas que han acontecido desde entonces.
    . Intentaré entonces, merced de mi atestada de hechos memoria, y mi percepción imperfecta -recordemos que cuando la batalla final contra el troll estaba no sólo aterrorizada -aunque nuestro gran Yotunn nos insufló valor- si no tratando de echar un sortilegio de Infortunio sobre el horroroso monstruo...

    . Los enanos quedaron muy agradecidos con nosotros, nos ayudaron y escoltamos luego una caravana, hasta las inmediaciones de Silvanya, volviendo hacia el norte imperial desde el reino de Yotunn.
    . En un poblado de la zona terminamos enredándonos en una nueva aventura. Un hombre llamado Doglar no había regresado a casa, y fuimos a la mansión de un tal Gustav, un sujeto temible, en las afueras. Allí nos atendió un alto y sombrío mayordomo, y como era tarde nos dieron habitaciones para pasar la noche.
    . Una terrible tormenta se desató esa noche, y durante la cena conocimos a una elfa llamada Alanë. No parecía confiar mucho en nosotros, y en un episodio infortunado pareció asustarse cuando dormí a un incauto en medio de la biblioteca, que pretendíamos investigar "a fondo" junto con Ulfric.
    . Entretanto, habíamos averiguado por el mayordomo, que Doglar se encontraba en efecto aún "trabajando" con el Amo. Daemor esperaba también averiguar un poco más de su recientemente adquirida Bebesombras.
    . Las cosas se tornan confusas en mi mente ahora; pero aquella noche nos adentramos en unso pasadizos profundos, y fuimos atacados por cinco esqueletos que se movían por sí solos! Aunque habíamos alcanzado a ver la figura distante de Gustav, riéndose de nosotros y desapareciendo tras algún corredor.
    . La batalla fue funesta, los bravos enanos y Daemor resultaron lastimados de diversas maneras. Además, cada vez que alguno de los esqueletos era derribado, otro absorbía sus huesos, haciéndose más alto y adquiriendo un nuevo par de brazos.
    . Ulfric entretanto parecía un tanto enajenado, del mismo modo que habíamos visto a otros huéspedes y sirvientes durante la misteriosa cena.
    . Cuando el esqueleto ya tenía creo que ocho brazos, me aferró con todos ellos -me había acercado incautamente a intentar darle alguna estocada- y comenzó a correr. Por fortuna mis amigos -por tales les tenía, después de combatir juntos contra aquél troll abominable, mi confianza en ellos había cimentado hondamente- cargaron sobre él y lograron ponerle fin.

    . Pero la aventura no terminó ahí, luego de aplicar algunos primeros auxilios descubrimos una habitación oscura donde pasar la noche. Nargond, malherido del brazo, y los demás, dormían durante mi guardia; fue entonces que oí una voz soltando "Quién vive" y acercándose desde el pasillo.
    . Así conocimos a Dûrak, un enano empapado que se había refugiado de la tormenta.
    . De cualquier manera, al finalizar el turno de guardia no logré despertar ni a Yotunn ni a Daemor. Ulfric seguía enajenado.
    . Desperté al pobre de Nargond, Dûrak dormía también.

    . Al día siguiente amanecimos en unas habitaciones muy similares a las nuestras. Por supuesto, Yotunn y compañía comenzaron a abrir las puertas a la usanza enanil (hachazos y mazasos que destrozan puertas, ejem) y descubrimos azorados que Ulfric había desaparecido. Allí estaba de vuelta la elfa, y el enano Dûrak también nos siguió, a medida que avanzabamos por el pasillo, ansiosos de recuperar a nuestro amigo.
    . Aún teníamos esperanzas de salvar a Doglar, y acaso darle una buena paliza al poderoso Gustav.

    . En un pasaje siniestro -ya habíamos descubierto la noche anterior una habitación con camillas y órganos en frascos que daban buena cuenta de los extraños experimentos de Gustav- encontramos una veintena de personas colgadas como ropas en unos nichos. Entre ellos estaba no sólo Doglar, si no también Ulfric!
    . Unos pergaminos que había encontrado vinieron de perillas, ya que utilizando el hechizo que anidaba en uno de ellos logré obrar la magia en forma correcta y liberar a Ulfric (la noche anterior había cometido el error de tomar en mis manos un pesado tomo con poderes profundos, que me habían sacudido la mente en forma tremenda).
    . Enfurecidos ahora, y una vez más incautos, decidimos encontrar a Gustav para matarlo, y liberar así a Doglar y los demás. Los vientos de la magia estaban alterados todo alrededor.

    . Hallamos finalmente una tenebrosa cripta, con un gran sarcófago en el medio. El alto mayordomo nos increpó desde detrás del mismo, pero yo ya ni pensaba en negociar, cargué rápidamente una flecha en mi arco y disparé. Erré, pero el desdichado sujeto comenzó a sollozar y llamar a su amo...
    . Sólo que comenzó a cambiar, se volvió aún más grande, y ahora tenía unas garras terribles... Y se movió con pasmosa velocidad!
    . Comenzó a atacarnos a todos, a pesar de que nos habíamos separado en varias direcciones, avanzando siempre hacia él y el sarcófago.
    . La pelea fue feroz, mis valientes amigos combatieron contra el monstruo -a estas alturas ya Ulfric nos había explicado que estábamos tratando con vamprios, ay de mí y todas las leyendas que sobre tales seres había escuchado!- y yo logré llegar hasta el sarcófago.

    . La noche siguiente a la gran batalla contra el troll, recuerdo que había soñado que entrábamos en alguna clase de cripta junto a un bárbaro que lo destrozaba todo a su paso, y alguna otra persona que no recuerdo bien... Entonces, me vi a mí misma lanzando fuegos a diestra y siniestra como una maga experta.
    . Ahora, mi decisión de buscar a la Orden Brillante, para conseguir un reconocimiento imperial para ejercer la magia -y dejar del todo atrás las necias persecuciones a las que me había visto sometida, y que me obligaban a teñirme mi cabello naturalmente violeta a negro, para evitar ser acusada como muchas mujeres pelirrojas que ni siquiera ejercían la magia pero que eran rápidamente quemadas o ajusticiadas-, era cada vez más firme.

    . En aquellos momentos en la cripta, ejercí la poca magia de fuego que conocía finalmente con algo de destreza! Tan frustrada había estado antes por no poder ayudar mejor a mis compañeros; esta vez prendí rápidas llamas al sarcófago, cuya tapa había comenzado a correrse. El propio Gustav emergió, aullando, y de nuevo seguí yo aplicando llamas sobre él.
    . A pesar de todo no se inmutaba, y se movía rapidísimo. Mientras algunos de los demás lograban derribar al gigantesco vampiro-sirviente; algunos cargaron también contra Gustav.
    . El propio Ulfric fue quien le asestó el golpe final, y por supuesto fue Daemor con la poderosa Bebesombras quien absorbió el alma del desdichado. Fue entonces que por fin pude ver mejor cómo los vientos de la magia obraban en torno a la gran espada de Daemor. Entendí que el poder que yacía en ella era terrible, y que quizás centenares de almas yacían ya en su interior... Entre ellas acaso algunos demonios del Caos!!

    . Luego de liberar a Doglar y los demás, y llevarles al pueblo, descubrimos que muchos eran aún de otros sitios. Descansamos un día y partimos con la mayoría de ellos hasta otro poblado, donde decidimos concedernos una semana de juergas e "investigaciones", a menudo en tabernas. Mi competencia de eructos con Yotunn siguió siendo un fracaso. Pero no cejaba en ello, no por estar rodeada de un hatajo de patanes semejantes me iba a dar por vencida. No por nada muchos, si bien se mofaban en mi ausencia, me temían en el antiguo pueblo en que había vivido buena parte de mi juventud.

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  4. Investigaciones Privadas

    . Sucedió no obstante que un día apareció un mozalbete, que me entregó una misteriosa carta y se marchó sin más. Cabe mencionar que un noble se había mostrado muy agradecido tras nuestra aventura con los vampiros. Ahora, en mis manos, tenía una cita, nada menos que de un escriba de un magister imperial, para acudir a otro pueblo.
    . Allá fuimos, y en una habitación de la posada que era más bien un estudio, nos recibió Caltus, el escriba.
    . Nos habló entonces de una serie de muertes por incineración espontánea, quizás mágica, en Averheim.
    . Precisamente allí se celebraba una gran feria anual de vinos, cuyo anuncio habíamos encontrado con Yotunn.
    . Un hombre, de entre otros que se habían prendido fuego sin motivo aparente, había estado junto a su pequeña hija, Caroline, en el momento de morir. Pero como a ella la llama no la había afectado, la habían tomado por bruja. Aparentemente había sido ajusticiada. Tenía sólo siete años.

    . La sangre comenzó a hervirme. Pocas son las mujeres que se dedican a la tan mal vista "magia". Y tienen aún más problemas que los hombres, como ya he dicho, cuando lo hacen. En muchos pueblos se las quema en el acto, aún si no han hecho nada o no hay evidencia alguna.

    . En esa misma posada, mientras debatíamos luego con Daemor, Nargond, Yotunn y Ulfric -de manera muy reticente, la elfa nos había acompañado, ayudando incluso a curarnos varias heridas. También yo empezaba a mostrar algo de habilidad en las artes sanatorias- y Alanë, descubrí que un elfo muy alto, a cierta distancia, nos observaba a través de la clientela y el bullicio y se reía de nosotros.
    . Me acerqué a ver qué le parecía tan gracioso, y por sus palabras supe que había escuchado bastante de nuestra discusión. Daemor me había seguido, y el elfo muy despreocupadamente se ofrecía a sumarse a nuestra recién encargada misión.

    . Debo mencionar ahora que, además de darnos quince coronas a cada uno para gastos, Caltus había prometido suculentas recompensas y más que nada ADMITIRME EN UNA ESCUELA DE MAGIA!!! si lográbamos resolver el misterio de Averheim!

    . Luego de varias discusiones, pues llevé al elfo hasta nuestra mesa, decidimos probar su valía durante unos días. Esa misma noche sostuvo una suerte de "duelo" con Daemor, que se mostraba desconfiado, si bien el guerrero se contuvo mucho a la hora de golpear a su contrincante -el cual, a pesar de llevar una espada, no hizo muy buen uso de ella-. Además de intentar hacerme alguna sugerencia indecente y ponerme el dedo en el hombro -cosa que rechacé con un palmazo y una buena advertencia, el muy descarado se declaró un hábil pescador. Yotunn, que al principio no veía con ojos nada buenos al elfo, cambió completamente de parecer cuando éste se marchó al medio del bosque, y volvió con un jabalí recién cazado a cuestas, el cual cocinó de manera insuperable como cena en la posada.
    . Al cabo, durante los días siguientes permitiríamos que este sujeto, de nombre Larandar, nos acompañara.

    . Llegamos a Averheim dos días después, pero debo irme ahora. Los sucesos acaecidos aquí ayer ya comienzan a mostrar que estamos envueltos esta vez en una aventura no menos peligrosa que las anteriores, quizás mucho más. Sólo diré que nos separamos, y que Yotunn mismo recibió una paliza de un hombre enorme y fortísimo. Tampoco Nargond ni Ulfric pudieron ayudarle. Habían ido hasta ahí persiguiendo a un desconocido vestido de negro que parecía saber más acerca de las incineraciones.
    . Por nuestra parte, junto a Daemor y Larandar, habíamos descubierto un gran granero donde se reunían a menudo un montón de sujetos también vestidos de negro. El elfo, que resultó un hábil arquero y un inestimable espía a la hora de oír y ver cosas de lejos sin ser visto, obtuvo también cierta información sobre una lucha interna entre el gremio de ladrones y otro gremio; que eran el motivo por el que la ciudad estaba sin conde elector. El jefe de guardia no podía, claramente, hacer las veces de alcalde ni nada parecido. Todo esto en medio de una superpoblación aumentada por la semana de la feria de los vinos, carpas y gente atestando la ciudad por todas partes.
    . Me he extendido demasiado, debemos continuar, veremos si este día avanzamos más que descubrir vacas incineradas o sospechar del vino. También sabemos que se prepara un gran golpe para el fin de semana. Pero no logramos unir todas las pistas que tenemos. Yotunn quedó muy lastimado, aunque empieza a reponerse.
    . Ojalá podamos resolver todo esto, y capturar a los culpables. (o, como empieza a ser nuestra costumbre, matarlos)

    . Saludos,
    Laria Vir Harrowan.-

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