Una Noche Como Cualquier Otra (99-2000)

Mariano Pángaro


. Lucio abrió los ojos muy lentamente. Se resistía a emerger al mundo real. Sus sueños y su cama eran el refugio ideal. Pero tenía que ir a trabajar, de lo contrario su supervivencia en el mundo real se vería seriamente amenazada.

. Claudio bostezó sin apuro. Con movimientos lentos tomó el reloj despertador y contempló la hora. Todavía ni siquiera eran las doce del mediodía! Tenía un par de horas más de sueño, pero como se sentía demasiado despierto manoteó el control remoto y encendió el televisor.

. Tomás se levantó de la cama con resignación. Bostezó, pero tal vez era más por aburrimiento que por sueño. Un día más de colegio. Un día más igual que todos los demás. Un día más sin sentido en la vida. Al menos sin sentido para él. Otro día vacío, llena de caras aún más vacías expresando cientos de palabras falsas. Para qué gastaba tanta saliva la gente?

. Mariano escuchó el despertador pero estaba demasiado cansado. Optó por apagarlo, comprometiéndose a dormir sólo quince minutos más. Pero se transformaron en media hora y para cuando se dio cuenta no tuvo tiempo de desayunar ni lavarse ni nada que no fuese salir corriendo, terminando de ponerse la ropa a los trompicones mientras corría hacia la parada del colectivo. Se sabía los horarios, ya estaba más que acostumbrado, y si lo perdía llegaría tarde, cosa que era muy mal vista por sus superiores.

. A eso de las dos y media, mientras estaban terminando de comer, sonó el teléfono. Su madre atendió y luego se lo pasó a Claudio. Era Lucio, desde su laburo.
-- A las ocho o nueve en lo de Raúl. Estás?
-- Si, de una. Tal vez llegue un poco más tarde, por la facu. O tal vez salga más temprano y llegue a tiempo.
-- Acordáte de llevar una birra, o algo.

. Cuando llegó a su casa, después de demasiadas horas de colegio para su gusto, Tomás fue derecho hacia su cuarto. Se dejó caer sobre la cama, y mientras se quitaba los zapatos con los pies encendió el equipo de música. Suspiró cansado, aunque no sabía muy bien de qué, y cerró los ojos mientras dejaba que su mente fuese arrastrada por una melancólica melodía.

. Ni bien llegó del colegio, Tobías fue derecho a su cuarto, saludando fugazmente a sus padres, que le anunciaron que la comida pronto estaría lista. Arrojó las cosas por toda la habitación y se puso a practicar con la guitarra de inmediato.

. Juan llegó casi al mismo tiempo que su papá, que venía en el auto de la agencia. El joven le abrió la tranquera y luego de que pasara la cerró. Entraron juntos y luego de saludar a su madre Juan la ayudó a preparar la comida.

. El cocinero volvió caminando lentamente, sin apuro. Después de todo era un hombre de cuarenta y pico y ya laburaba en el restaurante desde hacía años. Mariano sólo era un pendejo de 17 que había entrado hacía un par de meses y se suponía que era el ayudante. El hombre le anunció que podía hacer uso de su media hora libre -siempre en la parte de atrás, sólo para empleados--, que permitía comer con cierta tranquilidad. Mariano suspiró aliviado y dejó todo en manos de su compañero de trabajo.

. Raúl salió de trabajar a las seis de la tarde. Caminó sin apuro las dieciséis cuadras que lo separaban de su departamento y agradeció que hubiese llegado el fin de semana. No significaba no laburar, pero al menos no tendría que ir a estudiar, y podía patear todas las tareas para el domingo, su único día “libre”.
. Cuando llegó descubrió dos figuras que lo esperaban sonrientes: Juan y Tobías.
-- Y ustedes qué hacen acá?
-- Yo me fui a dormir a lo de Toby. -informó Juan sin perder la pícara sonrisa.
-- Y yo a lo de Juan. -replicó el otro, con similar expresión.
-- Ya veo. --Raúl estrechó las manos de los dos jóvenes de 14 años.
-- Los demás vienen a las ocho? -inquirió Juan mientras Raúl abría.
-- Ocho, nueve, o cuando puedan. -contestó el mayor, indicándoles que pasaran. Mientras subían al ascensor Toby sacó parcialmente parte de una botella de cerveza que llevaba en el bolsillo interior de la campera, el cual era bastante grande.
-- Si quieren yo ya tengo algo para ir merendando.

. Bruno dejó anotado en un papelito que se iba y que volvía tarde, que no lo esperasen. Se ciñó la campera de cuero negro y salió dando un portazo. Caminó por entre los bloques despreocupadamente. Se cruzó con un par de sujetos de aspecto muy poco halagüeño, y pararon un momento a saludarse.
-- Qué hacé Brunito? Cómo andái? -Saludó el primero.
-- Bien, bien. Y vo´ qué hacé? Te largaron?
-- Y, sí. --sonrió el que no había hablado.
-- Pa' que pueda mandarse la cagáa otra vez, nomás! -se burló el otro. Los tres rieron.
-- Y vos, seguí´ en el colegio?
-- Sí, ahora me está yendo mejor. --comentó Bruno.
-- ´Tá bien, mirá que sinó lo hacés engranar a tu viejo, pobre.
-- Sí, bueno. Ustedes todo bien?
-- Sí, todo bien vieja.
-- Bueno, nos vemos. -se despidió el fornido muchacho de sólo dieciseís años.
-- Che, pasáte cuando quiéras, eh?
-- El lunes paso, dále? -replicó Bruno alejándose.

. En el camino, Lucio se cruzó con una manifestación, en una plaza. Al parecer estaban conmemorando veintitantos años del último golpe militar. Había pancartas, un par de puestos con café, panchos y folletos para repartir entre la gente.
. Un joven lo interceptó y comenzó a hablarle sobre aquella nefasta etapa de la historia reciente del país. Hubiese preferido seguir caminando, tenía muchas cosas que hacer, pero no quería ser demasiado descortés.
. Al parecer esos hijos de puta de los militares habían matado a unas treinta mil personas durante la dictadura. Y de entre los que habían regresado de la guerra ya trescientos se habían suicidado.
. Lucio recordó que una tarde, en casa de su amigo Claudio, mientras merendaban con toda la familia, se había tocado el tema de los militares. Como a él le importaba tres carajos no había prestado atención, pero al menos recordó que se habían alabado las obras llevadas a cabo por el gobierno de facto.
. Levemente interesado en aprender un poco del tema, se lo mencionó al joven. Esto bastó para que su interlocutor se irritara y le respondiese puteando contra los militares, que se habían escudado en esas obras, muchas de las cuales habían quedado inconclusas, para engendrar una agobiante deuda externa que había encadenado el destino del país a la voluntad de los acreedores. Además, dichos acreedores, con Estados Unidos a la cabeza, habían realizado estos generosos préstamos a varios países de Sudamérica a cambio de asegurarse que combatiesen a la ideología del entonces opositor bloque comunista, durante la guerra fría. De hecho, no sólo esto sinó que muchas veces los golpes de estado en América del Sur habían sido perpetrados con el incentivo y la ayuda oculta del poderoso "Big Brother" del norte.
. Lucio tenía entendido que también había muerto gente de derecha, y que la pérdida de un hijo o marido se sufría igual no importa de qué lado estuviese uno. Pero en ese momento la cara de culo de su interlocutor le resultaba demasiado desagradable, así que prefirió retirarse de la plaza. Además, los chicos lo debían estar esperando.

. Bruno se estaba fumando ya el segundo cigarrillo desde que saliera de su casa, y el séptimo del día, cuando se dio cuenta de que el pibe que venía cruzando la calle era Mariano. Su primera reacción fue empezar a reírse. Es que los pelos de Mariano, naturalmente rubios, ahora no sólo lucían un intenso color verde claro flúo, sinó que además estaban todos de punta hacia arriba y los costados. Mariano también se reía. Estrecharon sus manos mientras el recién llegado le explicaba más o menos cómo había sido el proceso.
-- Copado! -contestaba Bruno.
-- Che, y vos esa campera de dónde la sacaste? -señaló la campera de cuero su interlocutor.
. La respuesta de Bruno fue un leve cambio en la forma de la sonrisa. Mariano comprendió.
-- Y ya tengo quién me la compre, por veinte mangos! Sabés qué?
-- Eso son muchas cervezas. --calculó Mariano.

. El Remisse dejó a Tomás en la puerta del departamento. Permaneció unos momentos allí parado, envuelto en su grueso Montgomery negro, dejando que el viento jugase con la igualmente negra bufanda. Admiró las formas y sombras de los árboles que adornaban la vereda de la cuadra de Raúl. Pocas veredas de la ciudad tenían árboles tan lindos. Añoraba su estación favorita, el otoño, cuando dejaban caer cientos de hojas, y tomaban colores rojizos y amarillentos, que embellecían aún más el paisaje. Ahora estaban en primavera, y aunque el clima era similar, la vegetación se hallaba en un estadío completamente diferente. Más allá, la tonalidad anaranjada que dominaba el horizonte daba cuenta de la próxima llegada de la noche.

-- Así que "La Fierita" está descansando? -inquirió Raúl, refiriéndose al Renault 4 modelo '74 que se había comprado Lucio hacía casi un año.
-- Le tenían que hacer el tema de la dirección. Iba estar listo para hoy al mediodía o a la tarde, pero como no volví a casa no tengo idea.
-explicó Lucio-- Del laburo fui a encontrarme con los chicos, y después nos vinimos para acá.
-- O sea que ahora La Fierita tal vez está esperándote en tu casa? -preguntó Mariano con un atisbo de excitación. "La Fierita" era un poco la mascota del grupo.
-- Ojalá que sí! -suspiró Lucio.
-- Qué grande! Después de lo que estuvo la otra vez! -exclamó Toby recordando las aventuras del fin de semana anterior.
-- La otra vez no fue nada. -dijo Juan-Vos te perdiste lo de la fiesta de Romi!
-- Ni un Jeep se manda a bajar por ahí, sos un animal! - Raúl reprochó sin severidad a Lucio. Todos rieron divertidos.
-- Quién necesita un cuatro por cuatro? --declaró el aludido orgulloso.
-- La cara de Pamela! -continuó Juan.
-- Vos lo que menos le estabas mirando era la cara! -acusó Toby.
. Hasta Tomás, que estaba absorto con la televisión, sonreía.
-- Y vos seguís pegado con eso? -le reprochó Raúl-Un dibujito animado!
-- Es un animé, y está excelente. Además es re dark. -se mostró levemente indignado el joven de 18 años.
-- Está bueno, me ví un par de capítulos. -apoyó Bruno, que había rehusado el vaso bajo el pretexto de "no querer ensuciar al pedo" y tomaba directamente de la botella.
-- El señor Claudio López ha llegado. -anunció Mariano corriendo un poco la cortina. Afuera un Ford Escort de los nuevos color rojo metalizado estacionó en una maniobra y apagó las luces. Raúl salió al pasillo con las llaves en la mano, dispuesto a bajar a abrirle a su amigo.
-- Entonces llegó la hora de brindar! -decidió Juan sosteniendo en alto una botella de cerveza sin destapar. Tobías agarró otra y la entrechocó con esa.
. Lucio los contempló. Juan y Toby habían sido compañeros desde primer año, pero el año pasado Toby había repetido. Al menos había conseguido que le dejaran seguir en el colegio, y en los recreos siempre se iba al curso de Juan, que había sido el suyo.

. Más tarde, cuando estaban terminándose las últimas pizzas (aún quedaban bastantes cervezas) Claudio contó que capaz conseguía laburo. Al parecer en su casa ya lo estaban mirando mejor, y eso que todavía ni lo tenía asegurado.
-- Bien ahí. -apoyó Mariano.
-- Qué suerte! Vas a poder comprarte tus cosas. --dijo Tomás.
-- Ojo que todavía no es seguro, eh? -les recordó Claudio.
-- Y vos qué hiciste esta semana? -le preguntó Raúl a Mariano.
-- Aparte de laburar? -el otro asintió con la cabeza- Bueno, no gran cosa. Me agarré a trompadas con un imbécil.
-- Otra vez? -preguntó Lucio sorprendido.
-- Pará, va mejorando. Acordáte que la semana pasada lo habían amenazado con un arma. --salió Claudio.
-- Bah, ese puto ni se animaba a disparar. Yo sabía, si le dije "dále, dispará", y el otro temblando de miedo.
-- Y después lo surtiste. -agregó Raúl con aire apesadumbrado.
-- Y sí, se lo merecía! -protestó Mariano. Bruno levantó la palma y las entrechocaron sonrientes.
-- Está perfecto, si te joden avisáme que bajamos con los de mi barrio.
-- Ojo, no metan a una patota en esto. --recomendó Raúl, negando con la cabeza.
-- No va a hacer falta. Igual la vez que me zurraron a mí me la banqué. Gracias, BruNitro.
-- No, de nada. Vos avisá, eh? -con sus 16 años, Bruno era el más grandote de todos. Y al igual que Mariano, le gustaba pelear. En su barrio era respetado por algunos y temido y odiado por otros, y era amigo de algunas patotas.
-- Sí, te la bancaste pero te van a volver a agarrar de a muchos y no va a ser tan liviana. Hasta que te agarre uno sin miedo a disparar, nomás. O con cuchillos. -le advirtió Raúl al joven de la reluciente y estrafalaria cabellera color verde claro.
-- Cadenazos ya me comí una vez. Y después se la atajé y se la puse. Eran dos, pero al final salieron corriendo. Hubiesen escuchado cómo le sonó la cabeza.
-- Che, y vamos a "apestar" esta noche? -interrumpió Tomás con una sonrisa, cambiando de tema.
-- Y, la entrada está a 5 mangos, con trago. Qué te parece? -replicó Juan.
-- Che a mí no me quedó un sope. -anunció Toby.
-- Uh, Tobzilla hasta las manos. -dijo Mariano- Pero al menos trajo cerveza. Yo tengo unos pesos de más, alguién más ayuda?
-- Sí, más bien. -Raúl se palpó el bolsillo. Tobías sonrió.
-- Gracias!
-- No hay drama, ya sabés como es. Cuando uno no puede, ayudamos entre todos, correcto? -recordó Mariano. Todos asintieron.
-- Che, dónde dejo estos "cadáveres" de cerveza? -inquirió Bruno sosteniendo dos envases vacíos.
-- Está el cajón allá, atrás de la puerta. -señaló Raúl.
-- A mí me dijo Gaby que salía. Y también va a estar Anita, alguna de las dos tiene que caer. -anunció Juan.
-- Apesta Juanzilla. -dijo Lucio.
-- Capaz que encuentro a la minita de la otra vez. --especuló Bruno-si no igual algo va a aparecer.
-- Sí, lo que va a aparecer va a ser una botella de vodka! -acusó Tobzilla riendo.
-- Yo preferiría no "arruinar", con "entonar" me alcanza. Tengo que hacer bocha de tarea, no me quiero retrasar. -aclaró Raúl.
-- Una masita, el pibe. -Mariano le dió unas palmadas sobre el hombro- Por eso yo abandoné, entre laburo y estudio me quedo con la primera. A mí las dos cosas juntas no me van. Me gusta demasiado disfrutar de la vida. Quién sabe, capaz me muero mañana, mientras lo haya pasado bien no me importa.
-- Totalmente. -apoyó Tomás golpeando con fuerza la mesa-- Brindo por eso. -todos alzaron vasos y envases y los entrechocaron, para luego vaciar generosas partes de sus contenidos.

. Más tarde el Ford Escort se detenía afuera de la casa de Lucio. Este bajó del asiento trasero y se metió corriendo en su terreno. Poco después unas luces iluminaron el Escort, y el morro del Renault 4 se asomó. Juan y Tobzilla bajaron de un salto y se subieron al otro auto, emocionados.
-- Qué masa. -dijo Bruno sonriendo, sentado de acompañante de Claudio.
-- Ahora tenemos que volver a buscar a los demás. -le recordó el conductor.

. Mariano, Raúl y Tomás permanecían sentados contra una barranca, de frente a la costa del lago. Estaba lloviznando un poco, y el viento soplaba fuerte. Ellos se arrebujaban en sus abrigos, y compartían una cerveza mientras esperaban a sus amigos. En el camino, Mariano había pasado por un negocio que seguía abierto hasta tarde, donde había adquirido una botella de vodka de un litro. Acababa de abrirla, y desdeñaba la cerveza mientras le daba cada tanto un trago a su bebida favorita. De pronto Tomás le cedió la cerveza a Raúl y su puso a bailar dando vueltas y vueltas bajo la lluvia, sonriendo. Raúl también sonrió, Mariano comenzó a reírse.
. Poco después aparecieron dos autos, bajando desde la ruta. Las luces iluminaron al bailarín.
-- Adoro la lluvia! -decía Tomás, sin dejar de girar con los ojos cerrados.
. Los autos se detuvieron cerca. Mariano abrió la puerta trasera del Escort y se zambulló dentro.
-- Aguante el vodka! -exclamó a modo de saludo.
-- Uh, pasáme un poco, vieja! -le dio la bienvenida Bruno.
-- En el baúl hay un cajón de doce, por si te interesa, aunque lo dudo. -informó Claudio.
. Mariano contempló el baúl. Efectivamente, había un cajón lleno de botellas, aunque había un par de lugares vacíos y algunos envases no eran más que cadáveres. Por suerte había varias llenas y listas para estrenar. Raúl subió al Renault 4, cerveza en mano. Le tocaron varios bocinazos a Tomás, y éste dejó de bailar y abordó el Escort.
. El Renault 4 retrocedió un poco, poniéndose a la misma altura del otro auto. Se abrieron las ventanillas delantera y trasera. Desde la delantera, Raúl había asumido el puesto de copiloto.
--Vamos al centro!?
-- Pasen más birra! -reclamaban al unísono Tobzilla y Juanzilla, desde atrás.

. Ambos autos avanzaban por la calle principal. Cada tanto saludaban a alguien que iba por la vereda, entre gritos o bocinazos. "Algún zarpado", según la definición que dio Tomás sobre Mariano y Bruno, le gritaba alguna que otra cosa a algunas de las chicas que pasaban.
. Se pusieron a la par.
-- Che, guarden este envase en el cajón. -pidió Raúl extendiendo un nuevo cadáver. Mariano salió parcialmente del auto, sentándose sobre la ventana, y tomó el envase y se lo pasó a Bruno, adentro, que lo ubicó en uno de los lugares libres del cajón. Detrás de ellos alguien empezó a los bocinazos.
-- Creo que dicen algo de tu madre, o es de la mía? -le preguntó Claudio a Lucio, a los gritos.
. A una orden de Mariano, Tomás había bajado la ventanilla trasera del otro lado. Luego el joven de la verde cabellera se paró sobre la puerta, apoyando las rodillas contra el auto y extendiendo los brazos a ambos lados. Le dedicó una sonrisa al auto que venía atrás, y luego se lanzó por encima del techo y se zambulló de cabeza por la ventanilla del otro lado, enrollándose en si mismo una vez de vuelta en el interior del auto.
. Claudio avanzó y se ubicó delante de La Fierita, para dejar pasar a los impacientes. Luego volvieron a ponerse a la par.
-- Estás loco! -le acusaba Juan, desde el otro auto, a Mariano. Pero todos, hasta ellos, se reían.
-- En un mundo tan loco como éste, hay que estar todavía más loco para sobrevivir! -respondió Mariano.
-- Espérenme! -exclamó Toby, abriendo la puerta trasera de La Fierita.
-- Guarda, Tobzilla! -pidió Lucio, concentrado en el manejo, al igual que Claudio en el otro auto.
. Se extendieron algunos brazos desde el Escort y Tobías se zambulló en la ventanilla trasera, al grito de "Al abordaje!". Sus piernas permanecieron sobresaliendo hacia arriba por unos momentos, luego se sumergieron en el interior del vehículo. Juan cerró la puerta del Renault.
-- A ver, pasáte un cachito ese Vodka... --pidió Bruno volviéndose hacia Mariano.
-- Eh, nooo! Eso es lo que yo venía a buscar! --protestó Toby.
-- Primero le toca a él. --declaró Mariano pasándole la botella al copiloto.
. Bruno se la llevó a la boca y comenzó a beberse varios tragos, hasta que Toby lo interrumpió.. El otro le cedió la botella y Toby le miró la cara.
-- Te lagrimean los ojos, hijo de p...!
-- No, qué va... --negó Bruno riéndose un poco.
-- Bueno, bueno, acuérdense de dejarme a mí, vieja! --les reprochó Mariano.
-- Sí, total, tranquilo, sin decir nada, ya te bajaste como la mitad! --lo acusó Bruno-- Por lo menos pasáme una cerveza!
. El otro le extendió un envase lleno a su amigo.
-- Che, vos no querés? -- Bruno le ofreció la cerveza a Claudio, quien negó con la cabeza.
-- No, gracias, ya sabés cómo es.
-- Sí, si le pasa algo al auto tu viejo te mata. -- dijo Mariano desde atrás.
-- No sólo eso, si no me mata él yo me muero solo por boludo. Sabés lo que le está costando pagarlo?
-- Sí, tenés razón. --coreó Toby eructando sonoramente tras bajar la botella de vodka.
-- Además también nos podemos matar o quedar hechos pelota en un accidente... --agregó Mariano, mientras recibía el vodka-- Vos no querés?
--preguntó después, refiriéndose a Tomás, que permanecía en silencio entre él y Toby.
-- Bueno, si insistís... --aceptó el otro. Cuando volvió a bajar la botella, ya no quedaba demasiado.
-- Y el gran finaaal! --anunció Mariano, que se dedico a eliminar el resto del contenido dando varios tragos seguidos.
. Mientras todo esto acontecía en el interior del Escort, iban siguiendo a la Fierita que paseaba muy despacio por la calle principal. Los demás autos los pasaban por la izquierda.
-- Buaaa, ahora nos quedamos sin vodka, snif... --se lamentaba Toby. Mariano se rió-- Te parece divertido?
-- Eso no, pero esto sí. --replicó el de la cabellera verde, sacando de su bolsillo una petaquita de vodka que le había estado incomodando.
-- Y eso? --se sorprendió Tomás.
-- Cortesía de la casa, para clientes tan buenos como nosotros... --fue la respuesta de Mariano.
-- Bien ahí... --señaló Bruno interrumpiendo el vaciado de una cerveza.
-- Era una promoción especial, sonríale al ladrón, esconda la petaca dentro del pantalón, y tendrá cien años de perdón, ja! --explicó Mariano feliz.
-- Huy, pasáme un poco! --pidió Toby desesperado.
-- No, no, pará, este es para “reponer fuerzas” adentro del boliche. --resolvió.
-- Querés que lo guarde en mi abrigo? --se ofreció Tomás-- Por si acaso los de la entrada te la ven...
-- No, qué van a ver esos giles, igual cuando entremos la voy a esconder metida en la media.
-- Ijaaa! --Toby emitió una especie de alarido de júbilo que más bien parecía como si estuviese arriando un caballo.
. El Renault 4 se puso a la par del Ford. Así, lado a lado, doblaron en la siguiente esquina.
-- Che vamos para la estación de servicio que el efecto cerveza está por hacer estragos! --pidió Lucio a los gritos.
. Unas cuadras más allá entraron al playón bajo techo y se detuvieron. Juan bajó corriendo del auto mientras éste terminaba de detenerse y se metió como una tromba en el baño. Desde el otro auto vinieron también a las corridas Mariano, Tobías y Tomás. Lucio y Raúl bajaron más tranquilos y se aproximaron al Escort, junto al cual los esperaban Claudio y Bruno, este último con una cerveza en la mano y una sonrisa imperturbable en el rostro.
. La puerta de metal se abrió y salieron los otros cuatro, caminando lentamente y suspirando aliviados. Ahora fue el turno de los conductores y sus acompañantes.
. Mientras la puerta del baño se cerraba tras ellos, Mariano se acercó al baúl del Escort exhibiendo una pícara sonrisa.
-- Che, Toby, Claudio dejó las llaves puestas? --preguntó. El otro abrió la puerta delantera.
-- Sí, claro. Para que iba a cerrar si estamos nosotros? --respondió aquél. Por toda respuesta la sonrisa de Mariano se volvió más amplia, y el brillo malicioso en sus ojos aumentó.
-- Pasáme la llave un segundo.
. Toby obedeció y Mariano levantó el baúl. Le arrojó las llaves de vuelta a su amigo, que las atajó y lo contempló intrigado, aunque ya comenzaba a adivinar las intenciones del otro. Mariano sacó el cajón de cerveza y Juan se encargó de volver a cerrar el baúl.
-- Qué esperan? Empecemos a correr ya! --soltó Juan mientras salía disparado. Los otros tres lo siguieron al instante, y Toby ayudó a Mariano a cargar el cajón. La gente de la vereda se apartó y los contempló con expresiones diversas.
. La puerta del baño se volvió a abrir, Bruno salió caminando lentamente, llevándose el extremo de su cerveza a la boca y decidido a llegar hasta el fondo del asunto. Lucio salió detrás de él terminando de subirse la bragueta y abrochándose el pantalón.
-- Epa, dónde se metieron los demás? --inquirió suspicaz, al ver que no estaban ni alrededor ni dentro de los automóviles.

. Juan atravesó la plaza corriendo y bajó por la barranca. Mientras corría echaba uno o dos tragos a su botella de cerveza. Detrás venía Mariano cargando con todo el cajón, aunque varios espacios no contenían botellas, y algunos contenían envases vacíos.
-- Dále, Mariano, corré! -gritaba Juan. El otro lo seguía cómo podía. Sus verdes cabellos flúo permanecían con sus puntas erguidas, haciendo caso omiso de cualquier brisa o sacudida. A pesar del frío de la noche él parecía muy cómodo en zapatillas, pantalón de jean y remera de mangas cortas.
-- Nunca podrán vencernos! -exclamó Tomás, que venía en tercer lugar, y parecía estar protagonizando uno de esos animés que tanto le gustaban. Su amplio abrigo ondeaba al viento, igual que la bufanda.
-- Dále, Tobzilla! -insistió Juan. Apareció el aludido, detrás del fanático de los videojuegos y la animación Japonesa. Cargaba una cerveza bajo el brazo derecho y sostenía otra con la zurda.
-- Ya voy, ya voy! -respondió riendo.
. Juan cruzó la costanera sin dejar de correr y saltó por sobre el borde, sin soltar su cerveza. Poco después Mariano llegó hasta ahí y se detuvo, jadeante, apoyando el cajón sobre el borde.
-- Ayudáme, Tomás. --pidió exhausto. Bajaron de a uno y en el medio el cajón con varias cervezas todavía llenas. También llegó Tobzilla, que se paró sobre el borde y arrojó la cerveza a medio tomar. En el suelo cubierto de pasto de abajo, Mariano la atajó.
-- Hijo de puta, pasáme la otra! -se quejó al comprobar que estaba casi vacía. La respuesta fue una risa por parte del otro, que procedió a destapar la botella rápidamente, valiéndose de un encendedor, y bebió varios sorbos.
. En ese momento aparecieró "La Fierita", que cortó camino por encima de la plaza, y bajó rápidamente hasta la costanera.
-- Cuidado con ese autito amarillo! -le pidió Raúl, agarrándose de cualquier cosa, al conductor. Lucio no parecía escucharlo. Detrás de ellos apareció el Escort manejado por Claudio, quien respetó el trazado de las calles. Bruno bajó la ventanilla del acompañante. Aún sobre el borde, Tobzilla se volvió asustado.
-- Ahí vienen BruNitro, RauLitros y los demás! -anunció.
-- Cagamos! -soltó Mariano desde abajo.
-- Saltá, boludo! -le gritó Juan exasperado.
. Tobzilla obedeció y surcó los aires, aferrando su recién destapada botella. El Renault 4 cruzó la costanera pegando una coleada y chirriando las gomas. Luego vino el Ford, que se detuvo antes de cruzar y luego paró junto a la vereda del borde, mientras "La Fierita" se subía a la misma.
-- Te ví! Devolviendo la cerveza o los reviento a todos!! -bramó Bruno.
. Mariano metió el envase dentro del cajón y con la ayuda de Juan corrieron a esconderse detrás de un árbol de copa baja y ancha. Tomás se agazapó detrás de un arbusto, cubriéndose con su abrigo. Toby se incorporó y se aseguró que no se hubiese derramado cerveza. Cuando comenzó a correr barranca abajo ya Bruno estaba saltando desde el borde.
. Por encima del mismo apareció Raúl.
-- Che tranquilos que lo único que falta es tener algún problema con la cana! --pidió.
. Pero fue en vano porque ya Bruno había caído sobre el fugitivo y juntos rodaban por el pasto. Lo agarró por los pies y lo levantó en el aire, y comenzó a girar sobre sí mismo sin soltarlo. El otro aún sujetaba la cerveza.
-- Vamos, largála! --amenazó el más fuerte.
-- Está bien! Piedaaad! --pidió Toby tratando de extender el envase hacia su amigo.
. Ni bien la sujetó Bruno lo soltó contra el arbusto detrás del cual se había escondido Tomás. Toby comenzó a levantarse, sacudiéndose las ropas. Su oponente ahora estaba vaciando el contenido del botín.
-- Dále, che, vamos de una vez. --les recordó Raúl desde arriba.
. Juan y Mariano abandonaron su escondite, cargando con el cajón.
-- Pucha, hubiese estado bueno seguirla... --se quejó Mariano.
. Tomás reapareció.
-- Minga, y la cerveza qué? --objetó Bruno jadeando mientras le devolvía el envase a Toby.
. Volvieron a subirse a los autos y enfilaron para los boliches. Luego de que Claudio estacionara el Escort se pasaron todos al Renault 4, cajón incluído, y se terminaron todas las cervezas. Después se quitaron camperas y algunas otras prendas que sobraban --había que ahorrarse el guardarropas-- y se encaminaron todos juntos hacia la entrada.
. Pasaron junto a otros chicos y chicas que se disponían a entrar. Mariano se terminó de acomodar la petaca de vodka a medias dentro de la media, y sujeta por los pantalones. En la entrada había varios escalones amplios hasta donde estaba el que se encargaba de cobrar, y un par de guardias. También se amontonaban buena cantidad de jóvenes.
-- Ahora, tápenme. --susurró Tomás, y saltó por encima de la baranda en un instante en que ninguno de los empleados del lugar estaba mirando en esa dirección. Lo vieron descender la escalera del otro lado caminando con toda la tranquilidad del mundo.
-- Bien ahí Tom! --dijo Bruno. Los demás sonreían.
-- Bueno a ver cuánto tenemos? --dijo Claudio, encargándose de recibir el dinero del resto y armar la vaquita.
-- Che, y Toby dónde está? --inquirió Raúl de pronto.
-- Allá, charlando con una minita. --le señaló Lucio.
-- Apesta Tobzilla. --declaró Juan trastabillando.
-- Eh, ya te pegó? --dijo Mariano sonriente.
-- No, no, qué va... --trató de negar Juan, pero su estado resultaba evidente. En ese momento Toby se reunió con ellos, y no se veía muy diferente. Los dos se abrazaron y comenzaron a cantar.
-- No, no, acá no, esperen un poco! --les reprochó Lucio tratando de calmarlos.
-- Bueno juntamos 50. --informó Claudio terminando de contar-- Y somos siete, está bien.
-- Sí, seguro que sí, vamos. --decidió Mariano. Con Claudio, Raúl y Lucio a la cabeza --los más sobrios-- encararon al de la entrada.
. Los sábados la entrada valía diez, y era el día que menos posibilidades había de conseguir que les hicieran precio. Las chicas sí solían conseguir hasta entrar gratis, pero ellas tenían ventajas con las cuales ellos no contaban.
. Hoy el tipo estaba particularmente de mal humor. Pero insistieron y le lloraron el precio. Le recordaron que venían seguido, etc, y finalmente accedió y les entregó cuatro entradas, avisándole que eran siete a uno de los guardias.
. Los chicos agradecieron y bajaron al piso de la pista principal, donde los estaba esperando Tomás sonriente.
-- Qué hijo de puta nos dio cuatro entradas, o sea que se guardó diez pesos para él! --protestó Mariano.
-- Bueno, qué le vas a hacer? Al menos entramos adentro y podemos pedir cuatro tragos. --le recordó Raúl.
-- Cinco! --exclamó Lucio a carcajadas, exhibiendo un vaso lleno de una bebida oscura.
-- Y eso? --se sorprendió Juan.
-- Un Whiscola, alguien lo dejó sobre la mesa... --Lucio se encogió de hombros y sorbió un trago.
-- Vamos a pedir los tragos! --exclamó Toby

. Poco después buscaron un lugar tranquilo, junto a unos sillones, en el cual brindar con un par de tequilas, un cointreau y una ginebra (además del whiskola). Entrechocaron los vasos y compartieron sus contenidos, junto con un coro de risas.
-- Por la juventud descarriada! --celebró Tomás-- Salud!
-- Salud! --contestaron los demás.
. Unos minutos más tarde pusieron uno de los temas que le gustaba a Tomás, y éste le entregó el trago que sostenía a Claudio y salió corriendo hacia la pista principal.
. Se fueron produciendo una serie de brindis --en honor de los motivos más diversos-- hasta que "el combustible de nuestra charla", como expresó Juan, se acabó. Entonces fueron a posicionarse en los lugares de mayor tránsito. Todavía era temprano y faltaba para la hora en que el boliche se llenaba.

. Juan y Toby dieron una vuelta por el piso superior a la pista principal.
-- Mirá, allá está Tomás bailando solo. --señaló Toby tambaleándose un poco, y manteniéndose abrazado a su amigo mientras caminaban.
-- Qué loco que está, no? --dijo Juan sonriendo. En ese momento la pista todavía estaba vacía y varias personas contemplaban el excéntrico baile de Tomás.
-- Bueh, todos nosotros... --balbuceó Toby, llevándose la mano al estómago.
-- Estás hecho krosta. --Juan lo ayudó a mantenerse en pie-- Mejor te acompaño al baño.
. Pero aún antes de llegar a Toby se le escapó un excesivamente generoso vómito en pleno corredor, sin siquiera molestarse en inclinar al menos la cabeza. Hicieron caso omiso de las miradas (y risas) de la gente.
-- Tratá de aguantarte! --le pidió su amigo.

. Raúl y Claudio habían decidido acompañar a Tomás en el baile. A esa altura ya se había animado más gente a la pista.
. Lucio, Mariano y Bruno permanecían cerca pero a un costado. Se entretenían dándoles puntajes a las chicas que pasaban. Cada vez había más gente.
-- Bueno, creo que llegó la hora de comenzar a apestar. --resolvió Mariano frotándose las manos.
-- Espero arponear algo... --dijo Bruno, que ya estaba bastante mareado.
-- Y los chicos dónde se metieron? --se preguntó de pronto Lucio, pero los demás estaban demasiado interesados en otras cosas. En ese momento Bruno se abalanzaba sobre una chica.
-- Al ataque, vieja! --celebró Mariano. La chica le sonreía, Bruno la tomó de la mano y se alejaron caminando.

. Toby había entrado a los trompicones a uno de los casilleros con inodoro. Luego de trancar la puerta por dentro, se había dedicado a vomitar varias veces. Ahora permanecía flexionado y cada tanto se apretaba el estómago de repente y con fuerza. Así lograba forzarse, y se sentía un poco mejor después de cada lanzada.
. El empleado que estaba a cargo del baño le golpeó la puerta.
-- Qué pasa flaco?
-- Estoy bien, estoy bien, ya salgo... --respondió Toby, pero se dejó caer de rodillas al piso y se quedó sujeto al inodoro, a la espera de nuevas arcadas.

. En la pista, Claudio había logrado sacar a bailar a una chica. Tomás seguía bailando solo, aunque ahora había un tumulto y llamar a ese conjunto de codazos, empujones y sacudidas "baile" tal vez no fuese del todo acertado. Raúl se había ido a buscar a los demás.

. Mariano daba vueltas solo y estudiaba cada tanto una mirada de parte de alguna chica. Se encaró un par pero sin resultados. Palpó la petaca de Vodka, que había pasado al bolsillo y si uno no prestaba demasiada atención no se notaba, menos con la oscuridad parcial y las extrañas luces del interior del boliche. Consideró que por el momento ya tenía suficiente alcohol en la sangre y era mejor guardar los resfuerzos para después.

. Lucio encontró a Toby que salía del baño en un estado deplorable. Caminaba encorvado y arrastrando los pies, y notó que su tez lucía excesivamente pálida.
-- Huy, overflow para uno? --preguntó ayudando a su amigo a sentarse en un sillón cercano.
-- A pleno! --exclamó Toby alzando el puño e intentando levantarse nuevamente. Entonces cayó de espaldas y cerró los ojos.
. Lucio lo giró un poco hasta acomodarlo de costado. Todos conocían la historia de un cantante famoso que se había ahogado en su propio vómito. Lo contempló unos momentos. Parecía haberse quedado dormido.
-- Y Juan? --preguntó recuperando la conscienca por un momento-- Me estaba cuidando...
. Lucio se encogió de hombros.
-- Ni idea.

. Mariano notó que una chica que le pareció bastante bonita lo miraba con cierto interés y se le acercó.
-- Hola. --la saludó.
-- Hola. --respondió ella sin dejar de sonreír.
-- Cómo te llamás?
-- Verónica, y vos? --Mariano comenzó a charlar animadamente mientras iba tanteando el terreno.

. Lucio permanecía cerca del sillón en el cual dormía Toby cuando apareció Raúl.
-- Arruinator, no? --preguntó el mayor.
-- Sí, hasta las manos.
-- Y si lo llevamos al auto?
-- Mirá, ahí va Juan. --señaló de pronto Lucio, con un movimiento de cabeza. El otro se volvió.
. Juan pasaba a cierta distancia, abrazado y besándose con Anita.
-- El que también agarró es Bruno. --informó Raúl.
-- Che, ayudáme y vamos a dejarlo en la Fierita.
. El otro asintió y lo levantaron. Él abrió a medias los ojos y trató de colaborar con la tarea de mantenerse en pie, pero fracasó. Quiso articular una frase que de todas maneras resultó absolutamente ininteligible.
-- Definitivamente, a dormir. --sentenció Lucio.
-- Definitivamente. --Coreó Raúl.
. Le pidieron a los de la entrara que les dejaran salir a dejar a su amigo y volver a entrar. Los hombres accedieron a regañadientes. Mientras hablaban con ellos vieron que Claudio salía tomado de la mano con una chica. Claudio los vió e intercambió un guiño sin que su acompañante lo notara.
-- Qué bien Claudio! --comentó Raúl, mientras él y Lucio ayudaban a avanzar a lo que quedaba de Toby. Los tres amigos salieron a la calle y se encaminaron hacia donde había quedado estacionado el Renault 4.

. Juan había dejado atrás a Anita y caminaba buscando una nueva presa. En eso descubrió a Bruno que hablaba con unas chicas. No alcanzaba a escuchar lo que estaba diciendo, pero veía que ellas se reían y en el rostro de su amigo se destacaba una sonrisa imposible de disolver.
. Cuando Juan llegó hasta allí las chicas se despidieron y se alejaron.
-- Qué les dijiste? --inquirió Juan.
-- Qué sé yo? Igual si mañana ni me voy a acordar... --respondió el otro, todavía con la imborrable sonrisa.
-- Eh, mirálo a Mariano, qué tal?
. Vieron que Mariano bajaba por las escaleras hacia los reservados, e iba muy bien acompañado.
-- Me cuesta hacer foco, pero está buena... --murmuró Bruno.
-- Ahí está Gaby! --exclamó de pronto Juan, y salió disparado.
. Bruno apoyó su corpulento cuerpo contra la columna y permaneció allí mirando a su alrededor y a la gente que pasaba, con su sonrisa y una mirada totalmente perdida. Así lo encontró Tomás un rato después.
-- BruNitro!
-- Eh? --el otro tardó en enfocar a su amigo. Cuando lo hizo le palmeó la espalda-- Cómo andás?
. Tomás no pudo contener su risa.
-- No tan bien como vos, por lo que veo.
-- Juan ya va por la segunda... --comentó el muchachote. Tomás miró en la dirección que le indicaba. Juan hablaba con Gaby y cada tanto sus manos tomaban las de ella, pero ella las apartaba y se veía un tanto ofendida.
-- Estás seguro? Parece que va mal...
. Estuvieron un rato discutiendo y observando el encare de su amigo, hasta que los hechos le dieron la razón a Bruno cuando finalmente la chica cedió.

. Mariano no podía creer su suerte. Realmente le estaba gustando Verónica. De a ratos interrumpían caricias y besos para charlar un poco, y lo que oía le resultaba muy interesante. De pronto sentía que estaba descubriendo un mundo nuevo, quizás acompañado por ella todo fuese mejor.
. Más tarde (o mejor dicho más temprano, ya que eran las cinco de la mañana) ella le pidió que la acompañara hasta la puerta del baño, y una vez allí le pidió que la esperara. Mariano recordó otras ocasiones, otras chicas, y los clásicos "me esperás?" y "ahora vuelvo" dichos por ellas, para luego desaparecer.
. Pero esta vez no fue así, pocos minutos después Verónica apareció y se abrazó a él. Al joven de la verde cabellera seguía costándole creerlo.
. Bailaron un rato en la pista junto a los grandes ventanales que daban al lago. Mientras giraban al ritmo de la música, se miraban a los ojos.
. De pronto unos desconocidos pasaron a su lado y los empujaron bastante bruscamente, sin volverse siquiera a pedir disculpas. Mariano se volvió rápidamente y tironeó a uno del hombro.
-- Qué te pasa, enfermo? --estalló. El otro se dio vuelta y lo contempló con cara de pocos amigos. Otros de los suyos se acercaron. Ahora Mariano maldijo su suerte, y hasta deseó haberse quedado callado.
-- Vamos. --le dijo Verónica, tironeándole de la mano y tratando de alejarse. Mariano cedió un poco. Entonces empezaron los insultos de parte de los otros.
-- Te hacés el macho porque estás con la minita, eh?
-- Dejáte de joder o te hacemos mierda!
. Entonces Mariano detuvo a la chica y enfrentó a los otros.
-- Vamos afuera? --desafió.

. El "nuevo helipuerto" era un terreno llano y pedregoso que se le había ganado al lago. Sobre su extremo permanecía un deteriorado suelo de cemento, donde todavía se veía un gran círculo con una letra "H" pintados en amarillo.
. Soplaba un viento que acrecentaba el frío correspondiente a esa hora y a esa estación del año. Pero el muchacho que se acercaba no tenía más abrigo que una remera, y los brazos de su compañera que lo rodeaban. Detrás de ellos venían unos diez jóvenes de aspecto muy poco halagueño.
. Descendieron por la barranca y avanzaron hasta el centro del helipuerto. Un último auto con los vidrios empañados acababa de arrancar y ahora se alejaba hacia la subida, a unos doscientos metros. Las olas golpeaban con ganas contra la orilla.
-- Deberíamos correr, te van a hacer pelota. --susurró ella asustada.
-- No, vamos a hacer un mano a mano. --replicó él, apartándola suavemente y plantándose sobre la H.
. Los otros se apartaron y rodearon el círculo a cierta distancia, excepto uno de ellos, que se plantó frente a Mariano.
-- Mano a mano? Y después todos contentos, eh? Pase lo que pase. --dijo Mariano en voz alta. Su oponente asintió.
-- Te voy a reventar. --masculló.
. Y empezó la pelea. Puñetazos volaron rápidamente desde ambos lados. Pero Mariano estaba demasiado alterado, ni se molestaba en sentir los golpes, ni en esquivarlos. Avanzó ciegamente, pero el otro se negaba a retroceder.
. Hasta que atajó uno de los puños y cerró su propia mano en torno a la del otro. Comenzó a retorcérsela, y con la otra mano sujetó el otro puño. Volaron patadas, pero Mariano las esquivó o resistió poniéndose de costado.
-- Largá, hijo de p...!
. Y Mariano obedeció inesperadamente, para descargar sus puños en el rostro del otro, que vaciló un momento. Luego se inclinó hacia delante, como si hubiese recibido un golpe en el estómago, pero al instante levantó bruscamente su cabeza llevándose por delante el mentón de su adversario.
. El otro se tambaleó y volvió a recibir una descarga de puñetazos que lo hicieron caer hacia atrás. En ese momento los demás comenzaron a cerrar el círculo y acercarse.
-- Eh, no sean cagones! --exclamó Mariano. Pero la única respuesta fue un grito de Verónica.
















. De pronto se escucharon unos bocinazos. Desde la costanera apareció un Renault 4 que se lanzó directamente barranca abajo, en lugar de usar la bajada para autos. Al llegar al llano aceleró hacia donde estaban ellos. Todos lo contemplaron expectantes. Más lejos, donde estaba la bajada, se vieron las luces de otro auto.
. La Fierita se detuvo con una coleada frente al grupo, y las cuatro puertas se abrieron. El primero en bajar fue Toby, con los puños cerrados y una mirada amenazadora. Mariano contempló sus ropas vomitadas y no pudo contener una sonrisa. Toby escupió a un lado, Lucio, Raúl y Juan se plantaron a sus lados.
. Mariano tomó a Verónica de la mano y se acercó al auto.
-- Vos metéte adentro. --le dijo. En ese momento llegó el Escort. Cuando giró sus faros iluminaron a todo el grupo. Luego se detuvo lentamente. Claudio, Tomás y Bruno descendieron en silencio y se unieron al resto.
. Ambos bandos se contemplaron durante un minuto que pareció una hora. Luego la imponente figura de Bruno avanzó despreocupadamente, y dijo con tono casi impaciente:
-- Qué esperamos?

. Volaron golpes de todo tipo. Varios rodaron por el piso sin dejar de pegarse. Raúl levantó a uno en el aire y lo arrojó hacia atrás. Tomás intentó estrangular a su oponente, pero sólo logró recibir una paliza, aunque él se mantuvo de pie sin siquiera sentir el dolor de los golpes. Bruno revoleaba trompadas y patadas y sus contrincantes caían o retrocedían. También recibía lo suyo pero no parecía hacerle mucha mella.
. Finalmente sus adversarios emprendieron la retirada. Un vapuleado Juan ayudó a un muy maltrecho Toby a levantarse del piso. Lucio se incorporó dolorido, lo habían estado pateando al caer. Claudio se acercó a la orilla para mojarse un ojo que ya comenzaba a hincharse y oscurecere con las gélidas aguas del lago.
. Verónica se abrazó a Mariano y le limpió los labios, lastimados y llenos de sangre.
-- Qué noche! --se quejó Lucio.
-- Bueno, ya está por terminarse. --comentó Raúl. Al otro lado del lago, por encima de las montañas, el cielo comenzaba a clarear.
-- Bah, una noche como cualquier otra. –replicó Mariano.
-- Cómo voy a dormir hoy! --exclamó Tomás.
-- Ay! Dormiría mejor si nos quedase más cerveza... --gruñó Juan frotándose la espalda, en un lugar donde había recibido un duro golpe.
. De pronto Mariano comenzó a reírse. Sacó la petaca de su bolsillo y la alzó.
-- Bueno, siempre hay tiempo para un último brindis! --dijo.
. Le respondió un coro de carcajadas.


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Comentarios

  1. Chabón pero esos pibes a que mina se enganchan, una cosa es ser delincuente, pero otra alcoholico en potencia, yo no recuerdo haber hecho algo asi, seguramente estaria bajo el efecto de las drogas.....

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  2. Jaa bueno, pues ese grupo de muchachos está inspirado en muchos de esos tunantes que tanto vos como yo conocEMOs tan bien. En esa época capaz no te veíamos mucho, pero te puedo asegurar que sí enganchaban chicas muejejé

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  3. De hecho, va a ser mejor que lo aclare, en ese cuento hay mucho de lo que en el 2000 hacían HUNTER, Marczilla, Nahuelzilla, Moyizilla, Diegzilla, Franzilla, Matzilla y hasta una chica llamada Lau... La Juventud Deskarriada je... Aunque no sólo cambié los nombres y algunos hechos si no también que mezclé un poco los personajes, como ponerlos en una coctelera, y varios personajes tienen elementos de un mismo personaje REAL, así como algunos personajes tienen elementos de VARIOS personajes REALES. Je. Me ENCANTA hacer mi trabajo de bardo hacedor de historias. ^^

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