Hermanados por la Aventura

Una situación imprevista

No hacía mucho que estaba en esa ciudad, mi vida nómade me llevaba de ese modo, a la deriva por un mundo siempre cambiante: Y así es como me gustaba.
. Aquella noche, cansada tras recolectar unos cuantos ingredientes en los alrededores, me dirigí a la taberna en busca de algo relajante, como un abundante trago de cerveza fresca, o algún incauto al cual embaucar... O tal vez ambas cosas!
. Me causó cierta simpatía un enano que andaba por ahí, tan rústicos ellos, al que parecía faltarle dinero para saldar el monto de su bebida. Nunca viene mal tenerlos por amigos, me dije, así que me acerqué y le di tres monedas de oro a quien lo estaba increpando, no sé si el posadero mismo o un empleado. Poco importaba.
. Tampoco presté mucha atención al enano, y regresé a mi mesa, donde la pinta recién servida me esperaba. Noté que había un elfo bastante pasado de copas cerca de la barra. Sonreí apenas, si las posibilidades me favorecían, podía demostrarle a esos bastardos que no eran tan superiores como solían creer...
. Pero terminando mi pinta la situación cambió -como pasa a menudo con las situaciones, tan efímeras que nunca entiendo porqué los necios se aferran a ellas- cuando un sujeto entró a avisar que atacaban la ciudad.
. El enano salió detrás de él y dejó su bebida llena sobre la mesa. No podía permitir eso, así que con una mano en el pomo de mi espada, tomé la bebida y salí de la taberna.
. Troté tras el enano pero no muy rápido, prefería que él fuera delante a unos metros. Nunca se sabe. En un momento en que nos detuvimos le convidé bebida. Se la bebió toda de un sorbo!
. No pareció escucharme mientras le increpaba, y él siguió corriendo rumbo a las puertas de la ciudad.
. En esos momentos, todavía no tenía la menor idea de a dónde me podría conducir esta nueva aventura. Y así era exactamente como me gustaba.

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el rumor del sur...

. La ciudad había crecido mucho, especialmente en los últimos años, pero algunos de los presentes recordaban aún haber visto a esa figura solitaria a menudo, desde los tiempos en que era todavía un pueblo, sentada contra el ventanal en la pequeña mesa de la esquina, moviendo rápidamente la pluma, con la mirada tan concentrada que pocas eran las veces que oteaba la fría noche exterior, donde el viento otoñal reinaba sin casi transeúnte alguno que lo desafiara.
. Se trataba de uno de los visitantes habituales de la pequeña taberna, que no esperaba al fin de semana para dejarse caer en una de las rústicas mesitas de madera. Venía además en cualquier época del año, cuando había nieve, o cuando había sol, cuando el lugar estaba abarrotado de gente, o cuando pocas eran las almas insomnes que se daban, improvisadamente o no, cita ese cálido antro, buscando refugio de sus respectivos fantasmas o pesadillas, o acaso esperanzas de compañía en el despejado de ilusiones largo camino de sus vidas. Por supuesto, no faltaban quienes buscaran algo de aventura, despuntar con un vaso o dos, quizás incluso una docena de ellos, la adrenalina de no saber en dónde podían llegar a terminar cada noche.

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Pie en Calafate

A cinco meses de mi arribo a Pueblocuento, refloto el siguiente texto...



De improviso, noté que el colectivo se había detenido. Estaba demasiado inmerso en los primeros capítulos de "En Aguas Extrañas", de Tim Powers, editado recientemente por mi viejo amigo el Capitán Anuk. Y ahí, mientras Jack Shandy hacía sus primeros pasos en la mar pirata, levanté la mirada de las costas del Caribe hace unos siglos, y volví a estar en la Patagonia, el día de hoy.

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De la Cabaña a la Comarca y viceversa

En ese momento alcé la vista al cielo, atemorizado. Acaso un rayo fulminante cayera en el instante siguiente sobre mi hereje cabeza

. Todo comenzó aquella mañana. Bah, aquel mediodía al decir verdad. Pasa que el trasnochante que escribe se acuesta como temprano a eso de las seis, siete de la mañana. Mi hermano me puso el teléfono portátil en el oído, extendiendo el brazo desde el piso -en mi pequeño camarote la cama está al ras del cielorraso-. Yo a duras penas había logrado despertarme, de un salto y en un santiamén, como al grito de "nos atacan!". Cuando digo "un salto", sólo quiero decir que me incorporé a medias de golpe, ya que la viga del techo está a menos de un metro del colchón. Aunque aún no había logrado despegar los párpados, conseguí al menos despegar la lengua del paladar y balbucear algo en respuesta. Era Eli, diciéndome que en media hora me pasaban a buscar, que había que ayudar a Adhara, aunque nunca me aclaró bien en qué.

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Dos para la Aventura

. El timbre de su pequeño Windfall lo despertó: Se había quedado dormido! Todo por oootra noche de tabernas, con todo lo que ello implicaba.
. Tal como esperaba, se trataba de Roderik. Luego de intercambiar unas palabras, se vistió rápidamente y fue metiendo en la mochila todo lo que consideraba necesario: Dentro de una gran bolsa de alimento para perros –vacía, por supuesto-, para impermeabilizar el contenido, fueron la bolsa de dormir, un gorro, una cuellera, una remera, un par de medias, papel de diario. Afuera cotninuaba lloviendo incesantemente. Por los costados metió la petaca, y la cantimplora, tras llenarla con agua. En un bolsillo interior colocó la linterna frontal, tabaco, pipa, limpiapipas, y por supuesto el infaltable papel higiénico. A los bolsillos fueron la navaja, el pequeño Windall, Melibelle con cuatro gigas de maravillosas canciones, y sopesando la posibilidad de presentarse al Mahànaxar con lo que él consideraba buen aspecto, el peine y el delineador. Se palpó sus coloridos pelos en punta y sonrió.
. Se calzó la vaina, con su querida escarbadientes en ella; y luego la vieja y desvencijada Capaverde. “Siempre hay tiempo para una aventura más”, le dijo en silencio, contemplando la tela harapienta que ya se deshacía en pedazos. No obstante, seguía siendo abrigada, y la pieza de ropa más práctica que había tenido en su vida, que más inviernos, otoños, primaveras y veranos había soportado, con sus respectivas tormentas de nieve, noches de taberna, alcohol, mujeres, fogones en el bosque, tierra, lluvias torrenciales, pernoctes a la interperie, o en una vereda; y todas las demás cosas que todo esto implicaba. Por encima del tapado se colocó el impermeable negro, como hacía cuando llovía en lo alto del Cruel Cathedras.


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Campamento algo agitado

(continúa de www.fotolog.com/fumador_pensante)


. Nos fuimos levantando de a poco, y a unos metros estaban los gendarmes, ahora en la playa, observándonos. Juntamos nuestras cosas y decidimos irnos a otra parte donde pudiésemos estar tranquilos. En el camino vimos llegar el dichoso camión cargado de gendarmes, y varios autos más, pero civiles, con uniformados adentro.
. Flor tenía sed, así que le pedimos a Fran.
-- Tengo el agua en la mochila, sáquenla.--respondió.
. Al abrir la mochila, un gendarme emergió de adentro, handy en mano. No alcancé a sacar foto de tan peculiar situación, así que me tuve que arreglar con el Paint. ^_^


Víctor Zulu, esta página está muy desacatada, cambio!

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La Gran Cabalgata

tres amigos

Aviso: Este texto continúa de las "volutas de humo" (fotolog.com/fumador_pensante), y está inspirado en la visión de Niki:
http://www.fotolog.com/si_te_animas/20101753

"Nosotros mejor vamos mañana", me avisó mi viejo a través de mi pequeño Windfall.
Bien. Entonces yo podría ir con Pato, Niki y Cachy -papá de Pato y por ende tío de Niki, y antaño propietario de Rock Bar, una buena taberna-.
Ya estaba a la altura de Hiper Tehuelche y me preocupaba la posibilidad de un control policial, así que en vez de detenerme ahí bordeé la ruta por un camino de tierra aledaño, comprobando aliviado que no había siervos de Nottingham a la vista.
El viento soplaba de lo lindo, el sol se ponía sobre las crestas rocosas del gran Cathedras, y el cielo se oscurecía rápidamente.


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