Saga del Bosque Encantado: PARÁBOLA

(cosecha 2004)


. Una tarde el mago y su aprendiz estaban terminando de merendar silenciosamente, sentados en banquitos hechos con tocones de troncos, sobre la terraza de madera que se extendía por encima de la pendiente y de cara al sol, junto a la cabaña. A su alrededor los árboles extendían sus ramas gentiles, pobladas de trinantes pajarillos.
-- Quieres que te cuente una parábola? --se ofreció inesperadamente el mago, con su parsimonia habitual.
. El aprendiz asintió mansamente, sin ansiedades. Notó que los pajarillos habían callado. Con el tiempo el aprendiz se había acostumbrado a respetar los largos silencios del mago, que al principio lo impacientaban. No sólo eso si no que, ahora él también prefería el silencio: Cuando su maestro lo enviaba al pueblo por algún recado, él prefería callar la mayor parte del tiempo.
. En cambio le bastaba ver unos gestos, expresiones, oír unas palabras, o simplemente una actitud de los demás, para adivinar o al menos sospechar lo que tenían en la cabeza. Aprendió entonces a sonreír con más facilidad y mantener su propia calma aún cuando algunas personas del pueblo parecían inmersas en un auténtico torbellino, o al menos pretendían envolverlo en él, siempre con algún propósito de conveniencia ajena.

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Saga del Bosque Encantado: LA PRIMERA LECCIÓN

(cosecha 2003 o tal vez primera parte del 2004)


. Cuentan que un día un joven llegó al bosque, y el mago salió a recibirlo, y aceptó su pedido, y lo tomó por aprendiz. Notaba en él el semblante ansioso, el ímpetu de la juventud y acaso cierta impaciencia, y cierta equívoca creencia de hallar en el habitante del bosque a quien le propiciara respuesta a todas sus preguntas.
. El mago suspiró mansamente y se llevó al aprendiz a la ladera de una montaña. Había allí unas rocas, de esas que tienen ángulos filosos y aún quebradizos, en las cuales ciertas aristas se nos pueden deshacer en las manos si aferramos las equivocadas. No eran muy altas, aunque sí unos cuantos metros y casi en línea recta de riesgosa escalada.
Durante un momento contemplaron el bosque que los rodeaba debajo, vistiendo la ladera toda de esa no tan alta montaña en la cual habitaba el mago. Luego éste le preguntó al aprendiz:
-- Quieres subir?

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El corazón de Zophía

. Zophía había cambiado, decían algunos de los que la conocían. Ya no era la casta dama que, antaño, les había dado el ejemplo a todas. Pero esto lo decían las que eran más jóvenes, las que habían conocido menos a Zophía que sus pares. "Es una puta", declaraban algunos llanamente. Es que ella, durante tantos años la más noble, anhelada por los caballeros, y envidiada o admirada por las damas, desde hacía algún tiempo se dedicaba a salir noche tras noche, y encamarse con el primer tipo que le viniese en gana.
. A ella le disgustaba que la defenestraran gratuitamente. De hecho, muchas de sus amigas y conocidas estaban comprometidas y, no obstante, se permitían pequeños "deslices" amorosos de la clase que Zophía JAMÁS se había permitido cuando había tenido una pareja a la cual serle fiel. Pero claro, ellas se preocupaban mucho en guardar unas apariencias de las que, Zophía, en el fondo, se reía. Sin embargo, a ella ni por asomo se le ocurría delatar a nadie.

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Desencuentro con mi pasado



. Era una de esas típicas noches recontra tranquilas de baja temporada. Sonaba música lenta, encima, pura nostalgia y melancolía. Pero a él le gustaba. Además, completaba la escena la fría llovizna que se había enseñoreado de las calles de la pequeña ciudad junto al lago. Ya no era tan pequeña como antes, claro, pero todavía conservaba corazón de pueblo, como a él le gustaba decir, o más bien escribir, en los cientos y cientos de textos que se iban multiplicando, a medida que pasaban los años, en su vieja pero infatigable PC XT de monitor fósforo verde.
. En realidad, salvo con algunos amigos, aún no se animaba demasiado a compartir esos cuentos y recuentos suyos. Sin embargo, soñaba con que algún día otras personas los leerían, y hallarían en esas historias suyas algo que valiese la pena. Impecable de camisa y pelo prolijamente recortado, respondió a uno de los pocos clientes que había en el salón:
-- Al fondo a la derecha, señor. --informó muy serio.
. Apenas había cuatro mesas ocupadas, de un total de veinticinco. Contempló las agujas del reloj: Apenas habían pasado tres minutos desde la última vez? No podía creerlo, ¡Eran tantas las cosas que había hecho en ese tiempo! Se le hacían difíciles los largos turnos de doce horas...
. Pero era su trabajo, y le gustaba cumplirlo al pie de la letra. Se había pasado casi todo ese año, 1997, trabajando de cajero ahí. Y no podía evitar cierto orgullo cuando, si le preguntaban, respondía sobre sus excesivos horarios laborales, y sobre los turnos hasta las ocho de la mañana, o pasar todos los fines de semana, feriados y las fiestas de fin de año trabajando.
. La noche avanzó muuuy lentamente. Él, pendiente de los clientes, expuesto frente a todo el salón, no solía permitirse ni leer el diario. La hora de la cena –con escasa concurrencia, en esa época y más aún con ese clima- había quedado atrás. Siguieron las peores horas, cuando no pasaba casi nada y él, firme en su puesto, se aburría hasta el hartazgo. Pero lo peor eran los clientes que llegarían en las horas de la madrugada, los que trabajaban en algunas discotecas locales y llegaban a eso de las cuatro o cinco. Hablaban exageradamente fuerte, reclamaban mucha más atención que otros, y muchos de ellos le parecían impacientes, soberbios y engreídos.
. Y también estaban los borrachines. No entendía porqué la gente hacía eso. Nunca había entendido porqué muchos otros necesitaban el alcohol para animarse, por ejemplo, a encarar una chica. No podía evitar considerar como un signo de debilidad el uso de cualquier tipo de estimulantes, y por eso, en el fondo, aunque jamás lo hubiera dicho, consideraba a los que necesitaban el alcohol como inferiores. Y ni hablar de las drogas.
. Claro, a él también le encantaba salir, ver gente, divertirse con sus amigos... Y quizás, cada taaanto, conocer alguna chica! Cuando llegaba el fin de semana, si no le tocaba horario nocturno, se pasaba la noche bailando. Y, aunque todos bailaban casi de la misma forma, o sólo cuando la pista se llenaba, a él le gustaba vencer su propia vergüenza –que no era poca-- y bailar desde el principio si pasaban música que le gustaba –y le gustaba casi toda--, y no precisamente con los tímidos o poco originales movimientos de la mayoría. Muchas veces salía de la discoteca ya en la hora final, con el tiempo justo para cruzar la calle, con una sonrisa algo cansada, pero satisfecha y totalmente sobria, y relevar a su colega a la hora en que correspondía.
. Al menos, era una noche tranquila: Tediosa, interminable, sí, pero no llena de escandalosos como los fines de semana, y ni hablar de la alta temporada. Tampoco había posibilidades de que fuese una de esas noches en que tenía que terminar llamando a la policía en medio de peleas y disturbios. Y dando la cara cuando se enfadaban por los precios, o daban por sentado que él era el dueño o cuando menos el jefe y podía hacerles descuento, o ordenarles a los mozos que atendieran de mejor manera a los clientes y más rápido –cómo detestaba eso! Pero no le quedaba más remedio que hacerlo, era parte de su trabajo--.
. Cómo le fastidiaba pasarse doce horas ahí encerrado, haciendo lo correcto y defendiendo los intereses de sus jefes a rajatabla! Pero en cuanto a hacer lo que estaba bien, desde muy pequeño había tomado una decisión: Cuando, a los ocho años, le habían preguntado si quería tomar la comunión, había contestado que “no quiero ser bueno por obligación”, en su mente tenía la idea de poder serlo por decisión propia. Y, en el fondo, quizás tampoco estaba tan seguro de que acaso un día terminaría cambiando de opinión…


. Se volvió hacia la entrada, al oír el acostumbrado sonido de la puerta que se abría. Una mueca de consternación estuvo a punto de invadir su rostro, pero hizo como siempre y puso su mejor cara de serio, imperturbable. El sujeto que acababa de aparecer en la puerta tenía todo el aspecto de ser un desagradable. O tal vez, sólo uno de esos borrachines que entraban a patotearlo, creyendo que tenían la posibilidad de obtener comida o incluso bebida gratis a cambio. Vestía un enorme tapado verde totalmente mugriento y lleno de agujeros y raído. La capucha ocultaba la mayor parte del rostro, pero los cabellos desordenados sobresalían de la misma y le caían por los hombros. La verdad que metía miedo el tipo, pero él no podía mostrarse débil. En ese momento había poca gente en el salón, y un único mozo en cuyo rostro se leía perfectamente “qué ganas de estar en mi casa y no acá atendiendo a todos estos pelotudos”. Si había problemas, no le tomaría mucho tiempo estirar la mano, agarrar el teléfono y marcar el consabido número.
. Después de unos momentos de pie con la puerta abierta, el singular individuo, que quizás lo había estado estudiando rápidamente, entró con pasos lentos pero firmes...


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Compartiendo Ciudaventura: La vampiresa y el Capitán

Bienvenidos a Ciudaventura!

. Allá lejos al sur del mundo, dicen, donde la tierra todavía es verde y las montañas visten de bosque, y en los inviernos de blanco; donde el agua dulce abunda y cualquiera puede beberla de un arroyo, sin temer por su salud... Allá en el país que algunos llaman Patagonia, se alza una ciudad sin igual; bah, algunos aún la llaman pueblo, más es sencillo de ver cómo en sus calles, el corazón de pueblo se mezcla ya con un ritmo de ciudad, ya que en las últimas décadas, muchas son las almas que se han mudado hasta este beatífico rincón del mundo, donde el crimen es aún suave y el aire es puro...
. Allá lejos al sur del mundo, dicen, se alza la fantástica Ciudaventura, engarzada entre el lago y la montaña, rodeada de bosque, una ciudad ya demasiado populosa para ser llamada "pueblo", aunque salvo algún que otro edificio, sus habitantes prefieren levantar casas, y así la extensión que ocupa sobre la buena tierra se hace cada vez mayor... Un lugar especial donde un avanzado reactor nuclear se mezcla con los cuentos de hadas, singular polo científico donde los que construyen satélites se mezclan por las calles con la raza del montañés chapada a la antigua, polo a su vez del descontrol juvenil de todo el país --que elige este destino para los viajes de todos sus egresados--, en las juergas nocturnas que van desde las sombrías pero cálidas tabernas hasta las fastuosas discotheques; polo asimismo turístico a nivel mundial, en cuyas calles se pueden escuchar los más variados idiomas del planeta... Allí donde el centro de esquí --y sus acaudalados usuarios, que van desde los ricos y famosos hasta los mucho más ricos pero desconocidos-- más grande de sudamérica se yergue orgulloso; y donde, circula algo más que el rumor, un hatajo de locos poetas y espadachines aún merodean por las calles y bosques de tan singular ciudad...
. Es en esas dudosas tabernas, donde les han visto a menudo, sujetos estrafalarios envueltos en sus capas, y humeando aromáticos tabacos en sus pipas, se sientan a compartir sus rondas de espumante cerveza con criaturas de la noche, piratas y metaleros... Sombríos guerreros de la vida, de diversos credos, auténticos Caballeros andantes, cual Don Quijotes vertidos de la fábula a la realidad; y Bardos capaces de entonar de improviso una canción, o cautivar a la audiencia con alguna historia misteriosa...
. Es en este esenario, menos fantástico que real, donde comienza la presente historia que, con vosotros deseo compartir... Ah, si sois tan amables de rellenar mi jarro --no sé cómo es que se ha vaciado tan rápido, ejem--, para que pueda yo remojar mi garganta cansada, y con renovada voz relataros, los imprevisibles sucesos que acontecen a diario, en esta bienamada Ciudaventura mía...


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Ashes to Ashes



"Ashes to Ashes"



Intro improvisada?

I

II

III

IV

V

VI

VII

VIII

IX

(intermezzo psicótico)

X

XI "Acá es donde Mat aporta al post"

XII

XIII "Back to Ashes"




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El Joven Manos de Cuchara (y algo más)


(Mat Spoonhands)
The Dark Side of the Spoon - He aquí un cuento escrito por @ttel allá por 1999 (año de la primer foto), un prolífico escritor de los kN.O.W.:

."El lado oscuro de la cuchara..."

. Argentina, finales del siglo XX.

. Matías conoció a Natalia por casualidad. Tildado de "viejo verde" por sus compañeros más cercanos, se había dedicado durante su juventud a perseguir niñas de dudosa reputación y limitado coeficiente intelectual. Pero Natalia fue especial. Con sus rubios veinte años entró en el kiosko de Matías a comprar algo y en cuanto lo vio, se olvidó de todo. Un instante de silencio y luego una sonrisa cómplice, sellaron la continuación de la historia. Cautivado también, Matías se animó a decirle a la joven que cerraba el kiosko a las diez y "que tal si vamos a alguna parte?".
. Luego, lo de siempre; charla futil hasta las once y cerca de las 12 el primer acercamiento. Recién entonces, Natalia comenzó una tarea que se había propuesto mucho antes, con paciencia de arqueóloga fue removiendo escollos emocionales de Matías hasta que le arrancó de improviso un largo beso.


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Desdoblamiento (una personalidad multifacética)

esquizofrenia rules!
(un vieeejo cuento del ´94, en una de nuestras típicas charlas con Danbat... chú! es bastante malo, pero me divierte porque aparecen muchos amigos de los 90 con que ahora sólo nos vemos cada taaanto, y también porque prueba que la esquizofrenia ya venía conmigo desde hace raaato...)


. Nevoet y Fepoim caminaban por la calle de pavimento que atravesaba el barrio de casitas y árboles. Se dirigían a la casa de Nevoet, que estaba donde comenzaba el acenso al bajo cerro que tenían frente a ellos. La ciudad en que viv¡an Nevoet y Fepoim estaba enclavada junto a un lago y ese bajo cerro, en medio de un paisaje de lagos, bosques y montañas. El otoño estaba terminando, y las hojas secas aún se esparcían por los costados de la calle. Indicando la llegada del invierno -aparte del frío- las montañas lucían nieve en sus partes más altas.
. Nevoet y Fepoim eran dos jóvenes amigos. Todos los sábados, ellos y otros amigos se reunían -casi siempre en casa de Gecou- para compartir charlas, pensamientos, cuentos escritos por algunos de ellos o de grandes autores, juegos muy buenos en la computadora de Gecou, programas hechos por algunos de ellos, y una cena entre amigos. No tenían mucho dinero, pero les alcanzaba para comer bien y pasar un buen rato.
. Pero hoy era miércoles, y la mayoría de los amigos estaban en el colegio, ya que aún iban a la secundaria. En cambio Nevoet y Fepoim, que ya la habían terminado y estaban estudiando sus propias carreras, se podían dar el lujo de interrumpir sus estudios y otros quehaceres para reunirse, a veces en casa de Fepoim, otras en casa de Nevoet, como hoy.

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Cuentos, ¿poemas? y otros textos...


. De cómo pelearle a la monotonía de una larga noche inside TM -de 22 a 8... (y encima hubo que atrasar el reloj así que hay OTRA hora más, fuck!) aah, saturday night...-.
. Estuve buceando las vaaastas "volutas de humo" del flog, recolectando una serie de links, no de tooodo lo que hay escrito allí pero sí de un par de viejos cuentos, y algunos otros escritos que me pareció no podían quedar afuera de este blog:



EL HOMBRE QUE ESPERA EN LA COLINA
(éste está bastante añejado ya... fruto de mi propia infatigable imaginación, allá por el otoño del ´99...)


ISLA
(éste es más viejo todavía, y es fruto de un taller literario al que concurrí en el otoño... ¡del 95!)


Palabras como magia
(fruto del taller literario de Mar Vanwa Tyaliéva, verano del 2003)


"Mundotabernas"
(fruto del taller literario de Mar Vanwa Tyaliéva, verano del 2007)



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Imaginando la Noche...

. El salón está en calma... Quedan tan sólo cuatro mesas: varias parejas, y un solitario. Suena música desde el recuerdo, tranquila, quizás, algo melancólica en esta noche gris... Cuerpo-de-Lago limpia la tortera. Otro mozo ha abierto la puerta, sopla una brisa fresca. Por fin lloverá alguna vez, después de más de dos meses de sol y calor?
. Sentado en la mesa 1, Ramiro dobla servilletas. El resto del personal está abocado a sus tareas. Afuera rara vez pasa algún auto, aquí, dentro de la Máquina del Tiempo, cada marinero trata de no mirar hacia las prácticamente inmóviles agujas del reloj, el tirano irrevocable de nuestros días a bordo...
. Y como ya se contó en tantas historias de esta nave inerte, todas las noches son una, cada acontecimiento, por más diverso que parezca, no es al final otra eterna repetición, y nosotros continuamos navegando, apáticos, indiferentes... Pero en nuestros corazones hay una dulce pena que sólo la música en la radio parece conocer.


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38 Noticias (4 páginas, 10 por página)



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