GENIOS BIEN LOCOS

(rumiando entre recuerdos, he aquí un breve texto de marzo del 2003... je)



. “Hoy es el día” pensé, apenas recobrar la conciencia, aún antes de abrir los ojos. Me levanté torpemente, mentalmente encandilado por esa certeza, y tropecé con la mesa de luz: Parte de mi cuerpo todavía no despertaba.
. Presa de la ansiedad, descorrí bruscamente las cortinas de mi habitación. Entonces solté un gemido desesperado: El cielo estaba cubierto de nubes!
. Pero si ayer el sol había brillado radiante? Y por las noches las estrellas habían reinado sin competencia... Porqué el Astrólogo no me había advertido de ello?

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recordando aquél Año Crepuscular...

(La "Oficina", capítulo extraído de la novela "La Juventud Descarriada", 2001)


. Era una de esas cálidas y estrelladas noches de verano que el clima parecía dispuesto a regalar durante Febrero. Claudio había sugerido por teléfono que se juntaran en "su oficina" a tomar unas cervezas, y todos habían aceptado encantados. Lucio había avisado que era una de esas veces en que él se rayaba y prefería no usar el auto, y la noche estaba muy linda como para caminar por el centro.
. El primero en llegar fue Claudio. Antes había pasado a canjear un envase vacío por uno lleno, claro. La playa estaba muy silenciosa, excepto el suave romper de las olas contra la pedregosa orilla. Era una de esas noches sin viento, con un oleaje mínimo, y el lago calmado. A sus espaldas, tan sólo unos cuantos metros, corría la costanera. Y más allá las luces, los autos, los ruidos y el movimiento de la ciudad. Pero aquí, tan cerca, podía uno apartarse de todo eso.
. Claudio subió al muelle y avanzó lentamente hacia el extremo. Éste constaba de tres alturas distintas, y la última y más baja de las tres extensiones era la base, de cemento. Allí, en el borde, se sentó el muchacho. Esa era su "oficina", donde se juntaba a menudo con sus amigos para arrancar la noche. Abrió la botella con su llavero y bebió los primeros tragos, apoyando la espalda contra la parte superior de un pilar de madera.
-- Guauu, qué noche excelente! --murmuró. Pero no había nadie para responderle, excepto el suave arrullo del agua lamiendo la costa, paulatinamente, marcando un ritmo lento.

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CACHIPORRA FÁCIL

(un ¿viejo? cuento del 2002, 7 de marzo para ser precisos...)



. El sol es la única verdad absoluta en ese momento. El calor, y la transpiración de unos y otros, pero más torturadora todavía para aquellos de uniforme. El aire está cargado con una tensión que amenaza a estallar con toda su furia en cualquier momento.
. La gente que se acerca a protestar a la plaza, negándose a creer que lo de anoche fue un sueño. Pero no, esa imagen del pueblo entero avanzando por las calles está muy fresca en las mentes de todos. Ahora muchos lo miran por televisión, las fuerzas de seguridad se ven demasiado amenazantes.

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CUIDADO! HAY UN ASESINO EN EL SUBTE!

(viejo cuento del 96)
(viví Abril de ese año, cinco semanas en total, en Buenos Aires...)


. El traqueteo se acelera a medida que nos alejamos de Plaza Italia. Tal vez debería haberme bajado allí para cambiar de lado. Por suerte, la próxima parada es Palermo y allí también puedo pasarme al otro subte.
. Al llegar desciendo y me aproximo al borde del otro lado. Las personas pasan o se detienen a mi alrededor. Pero la línea D no está excesivamente concurrida ahora, en esta parte.
. Llega el que se dirige a Primera Junta y abordamos. Me fijo en uno de los asientos dobles, vacío, y decido descansar en él. Los demás pasajeros ya han escogido su lugar. Nadie se ha sentado a mi lado... aún.
. Partimos y me distraigo mirando hacia afuera. Veo la hora en mi reloj: Las seis casi y veinte de la tarde. Buena hora para matar. Percibo dentro mío la ansiedad previa a provocar la muerte, y me paso la lengua por los labios.

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AL MARGEN DEL SISTEMA

(escrito en 1995, la única vez -hasta ahora- que Cattel, Danbat y yo nos sentamos los tres juntos en un taller literario (de hecho también fue la primera))


. Realizaba el viaje contra su voluntad, obligado por un sistema que no era de su agrado. Pero un sistema que estaba en todas partes. Los aplastaba por medio de una presión invisible, o adoptaba miles de formas, siempre para ejercer su sobrecogedor poder y obligar a todos a someterse.
. La congoja se había apoderado de él, desde la noche en que su madre lo había llevado hasta la terminal, en aquél auto amarillo usado que era nuevo para ellos, y que se encontraba en un increíble buen estado a pesar de la docena de años con que contaba.
. Además en su corazón crecían los miedos alimentados por tantas historias que había oído. Justo él que era flaco, enfermizo, debilucho!
. No sabía qué iba a pasarle: Las alternativas eran el fin de su mundo, o un clímax de alegría de verse libre de un peligro del cual había sido consciente desde hacía años.

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FÁBULA DE LA GUITARRA Y EL ALBAÑIL

. Era una pieza de madera, no era nueva, claro está, pero conservaba un agradable tono cálido, un tono que te hacía pensar en el fuego crepitando en una sala tenuemente iluminada en una noche de invierno. Una sala no demasiado grande, ni demasiado fastuosa, no, pero una sala con un hogar encendido ardiendo en ella, y con algunos sillones, tal vez gastados pero inmensamente cómodos.
. Y estaba bien afinada, sí, pudo comprobarlo con unos pocos tañidos. Después de todo, había sido de su maestro, que la había tratado bien, así que el chico se la compró. El precio no estaba nada mal, de hecho, probablemente era mejor que el de muchas guitarras criollas usadas que se vendían, en una tienda o una revista de clasificados, y cuyo estado no era tan bueno. Además, no es que su maestro la estaba poniendo a la venta, el ofrecimiento había salido así, de improviso, en medio de una de las lecciones.

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Otra noche como cualquier otra...

. Cuando la tarde empieza a caer, el cielo y el aire mismo cobran fantásticos colores en Ciudaventura. Allá en los kilómetros, una silueta singular está de pie junto a la ruta. El brazo derecho extendido, con el pulgar hacia arriba, cada vez que pasa un auto en dirección al pueblo.
. Chupines negros de mujer, bien ajustados. Qué cómodos son. Guantes de lana negro recortados. También cómodos. Uñas pintadas de negro, y las del dedo gordo tienen dibujada una pequeña calavera blanca. Los ojos delineados, en negro, mismo color la remera. Pero lo que llama la atención son los largos cabellos color violeta… que apuntan hacia arriba! Y también hacia los costados. Pensar que antes solía preferir el pelo bien corto, por el tema de las peleas...
. Mariano Pángaro hace dedo.

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A Través de las Sombras

. Contra la luz cálida, iridiscente, del cielo crepuscular, se recoraba ante las puertas de la ciudad una silueta singular.
. Estuvo ahí de pie durante unos momentos. Suspiró largamente, mientras su mirada seguía el vuelo de una golondrina. El cansancio no se debía al viaje que le había traído hasta aquí: Le había dejado en ese estado el agotador esfuerzo mediante el cual había logrado escapar de Labirinthea, la espiralada, la de calles concéntricas y paredes entrelazadas...
. El trecho recorrido, desde aquélla hasta aquí, los caminos, los kilómetros, los senderos, el bosque, el desierto, sin caminos, las noches a la interperie... Todo eso, después de la demencial, confusa, intrincada Labirinthea, había constituído un reparador descanso.

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Una Noche Como Cualquier Otra (99-2000)

Mariano Pángaro


. Lucio abrió los ojos muy lentamente. Se resistía a emerger al mundo real. Sus sueños y su cama eran el refugio ideal. Pero tenía que ir a trabajar, de lo contrario su supervivencia en el mundo real se vería seriamente amenazada.

. Claudio bostezó sin apuro. Con movimientos lentos tomó el reloj despertador y contempló la hora. Todavía ni siquiera eran las doce del mediodía! Tenía un par de horas más de sueño, pero como se sentía demasiado despierto manoteó el control remoto y encendió el televisor.

. Tomás se levantó de la cama con resignación. Bostezó, pero tal vez era más por aburrimiento que por sueño. Un día más de colegio. Un día más igual que todos los demás. Un día más sin sentido en la vida. Al menos sin sentido para él. Otro día vacío, llena de caras aún más vacías expresando cientos de palabras falsas. Para qué gastaba tanta saliva la gente?

. Mariano escuchó el despertador pero estaba demasiado cansado. Optó por apagarlo, comprometiéndose a dormir sólo quince minutos más. Pero se transformaron en media hora y para cuando se dio cuenta no tuvo tiempo de desayunar ni lavarse ni nada que no fuese salir corriendo, terminando de ponerse la ropa a los trompicones mientras corría hacia la parada del colectivo. Se sabía los horarios, ya estaba más que acostumbrado, y si lo perdía llegaría tarde, cosa que era muy mal vista por sus superiores.

. A eso de las dos y media, mientras estaban terminando de comer, sonó el teléfono. Su madre atendió y luego se lo pasó a Claudio. Era Lucio, desde su laburo.
-- A las ocho o nueve en lo de Raúl. Estás?
-- Si, de una. Tal vez llegue un poco más tarde, por la facu. O tal vez salga más temprano y llegue a tiempo.
-- Acordáte de llevar una birra, o algo.


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Saga del Bosque Encantado: LAS COSAS IMPORTANTES

(cosecha 2007)


. El anciano se paseaba por su jardín, como siempre a esa hora. El joven podía ver su larga barba, y la cabellera cana, aparecer y desaparecer entre las hojas de los árboles. Ahora asomaba detrás de los rosales, y el joven alcanzaba a ver que el viejo movía los labios.
. Qué les estaría susurrando?
. Mientras el sol se acercaba ya al filo de las montañas, al otro lado del lago, el joven sirvió el té y colocó ambas tazas en la bandeja, con el resto de las cosas. Luego la sostuvo con una mano, mientras con la otra abría la puerta de cristal.
. Depositó la bandeja en la mesita de madera y esperó de pié.
. Podía oír, débilmente, la voz canturreante, ahora desde el bosquecillo de abedules.
. El anciano surgió de pronto desde el follaje, y cruzó la hierba, descalzo, hasta llegar a la mesa.
. Después que se sentó, el joven lo imitó.
. Bebieron el té en silencio, extasiándose en la contemplación del crepúsculo de fuego.
-- A veces se me antoja que son brasas. Las nubes, digo. No parece como si estuviesen ardiendo?
. El anciano asintió brevemente, sin volverse a mirarlo.
-- Como si estuviese cubriendo el fuego con cenizas... Para que las brasas aguanten toda la noche. Y mañana, en el amanecer rojizo, arderá de nuevo.

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