el gran Mike

Una masa.
Discografía esencial de Mike Oldfield (dejando de lado la mayoría de sus compilados):


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el Show

. Y porqué no? Si en los ochenta salía por el barrio con mi propia garra, a imitación de mi ídolo Freddy, porqué no puedo volver a salir ahora, del mismo barrio? Tan sólo veintipico años después...
. La oscuridad de la noche es mi amiga. Si pasan algunos autos, o una persona a mi lado, trato de que la garra no se vea. No, para eso no la oculto especialmente, al contrario, dejo el brazo caído, en posición normal, quizás apretándolo lo más posible contra mi largo tapado de cuero negro... Elijo caminar con aire casual, que los distraiga ver quién soy en lugar de lo que tengo en la mano. Confío en que las sombras harán el resto. El sombrero también oculta en parte mi mirada, o las facciones de mi rostro, con tan sólo inclinar ligeramente la cabeza.
. Sí, ya sé que si me cruzo con policías, podría pasar un mal rato. Algo más que un mal rato, varias horas, o una noche entera averiguando antecedentes. Es que a un agente de la ley no creo que le convenza dejar a un tío de aspecto tan extraño andar por la calle con cuatro filosos Tramontina sobresaliendo de un único guante en la mano siniestra, uno en cada dedo.

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Sombraluz

. Se hace tarde. Estoy tan cansado. Hace frío. Quisiera quedarme, estoy tan cómo y calentito aquí...
. Vamos, hacé un esfuerzo! Calzáte los viejos borsegos y arrancá... Un sombrero por si las lluvias (o nieves), me envuelvo en un tapado y empiezo a caminar.
. Aunque la noche es fría, no hay viento. Y la caminata me da calor.
. Poco a poco las distancias desaparecen a mi alrededor, mi incansable imaginación me envuelve con facilidad, estoy aquí, estoy allá, estoy ayer y aquella vez y en posibles días futuros... Recuerdos, sueños y esperanzas se entremezclan con deleite, como la música de una intensa canción.
. Al fin llego a lo alto de la loma, es la mitad del camino. Allá lejos está, lo sé aunque aún no se ve, el camino que comienza a subir.
. Falta tanto por llegar! Pero mis pies siguen adelante, no se sienten cansados, de hecho casi ni los siento, estoy lejos de allí, volando, siempre volando...

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De la Cabaña a la Comarca y viceversa

En ese momento alcé la vista al cielo, atemorizado. Acaso un rayo fulminante cayera en el instante siguiente sobre mi hereje cabeza

. Todo comenzó aquella mañana. Bah, aquel mediodía al decir verdad. Pasa que el trasnochante que escribe se acuesta como temprano a eso de las seis, siete de la mañana. Mi hermano me puso el teléfono portátil en el oído, extendiendo el brazo desde el piso -en mi pequeño camarote la cama está al ras del cielorraso-. Yo a duras penas había logrado despertarme, de un salto y en un santiamén, como al grito de "nos atacan!". Cuando digo "un salto", sólo quiero decir que me incorporé a medias de golpe, ya que la viga del techo está a menos de un metro del colchón. Aunque aún no había logrado despegar los párpados, conseguí al menos despegar la lengua del paladar y balbucear algo en respuesta. Era Eli, diciéndome que en media hora me pasaban a buscar, que había que ayudar a Adhara, aunque nunca me aclaró bien en qué.

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