Espejito, espejito... Dime porqué estoy tan limadito!!

Toy re loco o qué? xD
Quién puede nombrar todas las "influencias" aquí reflejadas? jo JÓ! xD

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Ciudaventura: Un puerto sin salida al mar...

Drink up, me earthies IO-HO!!!

Salgo a caminar sin rumbo, en un día cualquiera
Pero un día cualquiera puede ser mucho más,
Hacia la parte de atrás del cementerio,
Cruzando el parque, llego a un bar;

Hay sólo hombres que beben vino y fuman tabaco
Pero en el aire hay algo especial
Es pleno invierno, pero una día de calor invade
{Como sucede a veces}, a toda mi ciudad
Ciudad de brujas y de asfalto
Un puerto sin salida al mar!
Si navegar es tan preciso
Hoy voy a sentarme en el bar
A viajar,
Perdiendo el tiempo, perdiendo el tiempo
Yo voy a viajar

Un hombre se me acerca y me declara
Que el era actor en un teatro principal!
Y se decide a mostrarme sus virtudes
Interpretando un personaje singular

Ciudad de brujas y de asfalto
Un puerto sin salida al mar!
Si navegar es tan preciso
Hoy voy a sentarme en el bar
A viajar,
Perdiendo el tiempo, perdiendo el tiempo
Yo voy a viajar

Adoro descansar, entre la gente
Charlar o dibujar
Sentado en cualquier bar



("El bar de la calle Rodney" - La Portuaria)

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Los Montaraces de la Patagonia Media

Compañía Verde...
Si bien la Compañía Verde está compuesta casi en su totalidad por Montaraces, recordemos que Elladan y Elrohir, los elfos hijos de Elrond, también formaban parte de la Compañía Gris. Del mismo modo, nosotros también tenemos algunos amigos que comparten nuestras actividades, y no pueden ser dejados de lado a la hora de armar este post. ^^


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Dos para la Aventura

. El timbre de su pequeño Windfall lo despertó: Se había quedado dormido! Todo por oootra noche de tabernas, con todo lo que ello implicaba.
. Tal como esperaba, se trataba de Roderik. Luego de intercambiar unas palabras, se vistió rápidamente y fue metiendo en la mochila todo lo que consideraba necesario: Dentro de una gran bolsa de alimento para perros –vacía, por supuesto-, para impermeabilizar el contenido, fueron la bolsa de dormir, un gorro, una cuellera, una remera, un par de medias, papel de diario. Afuera cotninuaba lloviendo incesantemente. Por los costados metió la petaca, y la cantimplora, tras llenarla con agua. En un bolsillo interior colocó la linterna frontal, tabaco, pipa, limpiapipas, y por supuesto el infaltable papel higiénico. A los bolsillos fueron la navaja, el pequeño Windall, Melibelle con cuatro gigas de maravillosas canciones, y sopesando la posibilidad de presentarse al Mahànaxar con lo que él consideraba buen aspecto, el peine y el delineador. Se palpó sus coloridos pelos en punta y sonrió.
. Se calzó la vaina, con su querida escarbadientes en ella; y luego la vieja y desvencijada Capaverde. “Siempre hay tiempo para una aventura más”, le dijo en silencio, contemplando la tela harapienta que ya se deshacía en pedazos. No obstante, seguía siendo abrigada, y la pieza de ropa más práctica que había tenido en su vida, que más inviernos, otoños, primaveras y veranos había soportado, con sus respectivas tormentas de nieve, noches de taberna, alcohol, mujeres, fogones en el bosque, tierra, lluvias torrenciales, pernoctes a la interperie, o en una vereda; y todas las demás cosas que todo esto implicaba. Por encima del tapado se colocó el impermeable negro, como hacía cuando llovía en lo alto del Cruel Cathedras.


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