Un vistazo al 2008 + bonus tracks



La fantabulosa vida del desquiciado de Mat!! (y sus amigos muejejée!!)


Seguir leyendo el post »

^^

De Bowie a Kaulitz pasando por Smith y Scissorhands

Seguir leyendo el post »

Desencuentro con mi pasado



. Era una de esas típicas noches recontra tranquilas de baja temporada. Sonaba música lenta, encima, pura nostalgia y melancolía. Pero a él le gustaba. Además, completaba la escena la fría llovizna que se había enseñoreado de las calles de la pequeña ciudad junto al lago. Ya no era tan pequeña como antes, claro, pero todavía conservaba corazón de pueblo, como a él le gustaba decir, o más bien escribir, en los cientos y cientos de textos que se iban multiplicando, a medida que pasaban los años, en su vieja pero infatigable PC XT de monitor fósforo verde.
. En realidad, salvo con algunos amigos, aún no se animaba demasiado a compartir esos cuentos y recuentos suyos. Sin embargo, soñaba con que algún día otras personas los leerían, y hallarían en esas historias suyas algo que valiese la pena. Impecable de camisa y pelo prolijamente recortado, respondió a uno de los pocos clientes que había en el salón:
-- Al fondo a la derecha, señor. --informó muy serio.
. Apenas había cuatro mesas ocupadas, de un total de veinticinco. Contempló las agujas del reloj: Apenas habían pasado tres minutos desde la última vez? No podía creerlo, ¡Eran tantas las cosas que había hecho en ese tiempo! Se le hacían difíciles los largos turnos de doce horas...
. Pero era su trabajo, y le gustaba cumplirlo al pie de la letra. Se había pasado casi todo ese año, 1997, trabajando de cajero ahí. Y no podía evitar cierto orgullo cuando, si le preguntaban, respondía sobre sus excesivos horarios laborales, y sobre los turnos hasta las ocho de la mañana, o pasar todos los fines de semana, feriados y las fiestas de fin de año trabajando.
. La noche avanzó muuuy lentamente. Él, pendiente de los clientes, expuesto frente a todo el salón, no solía permitirse ni leer el diario. La hora de la cena –con escasa concurrencia, en esa época y más aún con ese clima- había quedado atrás. Siguieron las peores horas, cuando no pasaba casi nada y él, firme en su puesto, se aburría hasta el hartazgo. Pero lo peor eran los clientes que llegarían en las horas de la madrugada, los que trabajaban en algunas discotecas locales y llegaban a eso de las cuatro o cinco. Hablaban exageradamente fuerte, reclamaban mucha más atención que otros, y muchos de ellos le parecían impacientes, soberbios y engreídos.
. Y también estaban los borrachines. No entendía porqué la gente hacía eso. Nunca había entendido porqué muchos otros necesitaban el alcohol para animarse, por ejemplo, a encarar una chica. No podía evitar considerar como un signo de debilidad el uso de cualquier tipo de estimulantes, y por eso, en el fondo, aunque jamás lo hubiera dicho, consideraba a los que necesitaban el alcohol como inferiores. Y ni hablar de las drogas.
. Claro, a él también le encantaba salir, ver gente, divertirse con sus amigos... Y quizás, cada taaanto, conocer alguna chica! Cuando llegaba el fin de semana, si no le tocaba horario nocturno, se pasaba la noche bailando. Y, aunque todos bailaban casi de la misma forma, o sólo cuando la pista se llenaba, a él le gustaba vencer su propia vergüenza –que no era poca-- y bailar desde el principio si pasaban música que le gustaba –y le gustaba casi toda--, y no precisamente con los tímidos o poco originales movimientos de la mayoría. Muchas veces salía de la discoteca ya en la hora final, con el tiempo justo para cruzar la calle, con una sonrisa algo cansada, pero satisfecha y totalmente sobria, y relevar a su colega a la hora en que correspondía.
. Al menos, era una noche tranquila: Tediosa, interminable, sí, pero no llena de escandalosos como los fines de semana, y ni hablar de la alta temporada. Tampoco había posibilidades de que fuese una de esas noches en que tenía que terminar llamando a la policía en medio de peleas y disturbios. Y dando la cara cuando se enfadaban por los precios, o daban por sentado que él era el dueño o cuando menos el jefe y podía hacerles descuento, o ordenarles a los mozos que atendieran de mejor manera a los clientes y más rápido –cómo detestaba eso! Pero no le quedaba más remedio que hacerlo, era parte de su trabajo--.
. Cómo le fastidiaba pasarse doce horas ahí encerrado, haciendo lo correcto y defendiendo los intereses de sus jefes a rajatabla! Pero en cuanto a hacer lo que estaba bien, desde muy pequeño había tomado una decisión: Cuando, a los ocho años, le habían preguntado si quería tomar la comunión, había contestado que “no quiero ser bueno por obligación”, en su mente tenía la idea de poder serlo por decisión propia. Y, en el fondo, quizás tampoco estaba tan seguro de que acaso un día terminaría cambiando de opinión…


. Se volvió hacia la entrada, al oír el acostumbrado sonido de la puerta que se abría. Una mueca de consternación estuvo a punto de invadir su rostro, pero hizo como siempre y puso su mejor cara de serio, imperturbable. El sujeto que acababa de aparecer en la puerta tenía todo el aspecto de ser un desagradable. O tal vez, sólo uno de esos borrachines que entraban a patotearlo, creyendo que tenían la posibilidad de obtener comida o incluso bebida gratis a cambio. Vestía un enorme tapado verde totalmente mugriento y lleno de agujeros y raído. La capucha ocultaba la mayor parte del rostro, pero los cabellos desordenados sobresalían de la misma y le caían por los hombros. La verdad que metía miedo el tipo, pero él no podía mostrarse débil. En ese momento había poca gente en el salón, y un único mozo en cuyo rostro se leía perfectamente “qué ganas de estar en mi casa y no acá atendiendo a todos estos pelotudos”. Si había problemas, no le tomaría mucho tiempo estirar la mano, agarrar el teléfono y marcar el consabido número.
. Después de unos momentos de pie con la puerta abierta, el singular individuo, que quizás lo había estado estudiando rápidamente, entró con pasos lentos pero firmes...


Seguir leyendo el post »

Nowember 2008

BÚ!

Y que quedará, tras tantos años, cuando sólo un eco de mi presencia esté, en estos imperturbables salones intemporales, la cubierta de la fabulosa pero también siniestra Time Machine, la nave de locos y piratas como ni siquiera Davy Jones podría soñar, que avanza inexorable hacia el futuro, sin moverse un ápice en el espacio... Dentro de la cual el tiempo no parece transcurrir, no obstante, y pasados muchos años al volver a abordar, casi la encontrarás igual... casi.


Seguir leyendo el post »

BLAAARRGH!!

braaaiins...


Seguir leyendo el post »